jueves, 25 de agosto de 2011

Entre Achaques y Placeres Culposos

Hoy es uno de esos días muy soleados en la Ciudad más grande del mundo, es de esos días en que me gustaría estar sentada en la terraza de una cafetería, en la Condesa, tomándome algo refrescante y con buena compañía.
Sin embargo, es uno de esos días muy soleados en la Ciudad más grande del mundo, de ésos en los que estoy sentada en mi oficina, tomándome un café americano muy frío y con buena compañía, estoy conmigo misma.
Pero no por mucho tiempo más.
En cualquier momento sonará el teléfono.
Hoy toca conferencia telefónica con mi jefe.
Ya tengo la agenda de los temas a tratar sobre mi escritorio.
Y mientras espero la llamada escucho música.
Y también se agolpan un montonal de pensamientos en mi cabeza.
De repente pienso que me siento muy cansada.
Estoy fatigada, duermo bien, pero no hay sueño suficiente que me haga sentir con energía.
Extraño aquellos días en los cuales los achaques no existían.
Actualmente casi siempre alguno me visita.
Puedes ser el sueño, el dolor de cabeza, el dolor de espalda o el dolor de estómago...
Y son solamente achaques, se quedan un ratito, luego se marchan de paseo.
También pasa por mi mente lo que me platicó una persona cercana.
Dos de sus hermanas están gravemente enfermas.
Una de ellas lleva por lo menos un par de años con diálisis.
La otra tiene diabetes y está a punto de perder la vista de uno de sus ojos.
Tampoco puedo sacar de mi mente lo que me contó otra mujer a la cual quiero mucho.
Me duele su historia y lo peor es que no puedo hacer nada por ella, sólo escucharla.
De repente pienso también en otra persona cercana a mí y en sus vicisitudes cotidianas; en su lucha día a día para sobrevivir en lo económico.
Veo por la ventana a los señores que están preparando los embarques de producto para mandarlo a nuestros clientes.
Miro mi escritorio, tapizado de papeles, libros y notas para no olvidar fechas de envío de información al corporativo.
Ultimamente la memoria no es mi mejor virtud.
Me duele la cintura.
Me parece que anoche bailé mucho.
Eso estuvo divertido.
Fuimos al concierto de Erasure, dúo británico que toca música sintética, mi amiga Alejandra, Karla, novia de Ari, Marco y yo.
Placer culposo.
Marco me reclama, no le gusta que le llame a ello un placer culposo.
Esgrime que es música y me gusta, le guste o no a los demás.
Ahora suena el teléfono, es mi jefe, a trabajar se ha dicho.
Seguimos "monologuiando" en otra ocasión...

2 comentarios:

Héctor García dijo...

Yo creo que la música "nuncamente" puede ser un placer culposo, pero entiendo el contexto en que lo dices, con cierto humor...
Respecto a los achaques y la distracción tal vez te sirva meditar para realinear la energía de tus chacras.
¡Suerte!

Valentina dijo...

Hola Héctor, claro, es broma lo del placer culposo, la verdad es que todo tipo de música alegra los corazones y todos los géneros tienen lo suyo. Voy a consultar a mi "gurú" Mauri para los de los chakras.
Gracias por tu comentario en mi Diván.