miércoles, 7 de septiembre de 2011

Los Hermanos y Hermanas del Alma

No sé exactamente cómo comenzar a describir lo que deseo comunicarte el día de hoy.
Bueno, lo haré tal y como lo siento.
Nacemos en cierto seno familiar, de un padre y una madre que no seleccionamos -conforme a mi sistema de creencias-.
Luego vienen los o las hermanas, en mi caso fueron las cuatas, yo soy la mayor.
A ellas tampoco las elegí, llegaron cuando yo tenía casi tres años de edad.
A mi sistema familiar se agregan tíos, tías, primos, primas, sobrinos, sobrinas y ya no abuelos ni abuelas.
Y fue durante mi adolescencia cuando encontré a dos personas especiales que elegí para formar parte de mi mundo.
Y me refiero en particular a dos amigas muy queridas. Ellas han estado presentes desde entonces en mi vida.
Conocen de mí mucho más que cualquier otra persona, incluso más que mi madre o mi padre o mis hermanas.
Saben exactamente cómo pienso, qué me duele, qué me gusta, qué detesto.
Hemos pasado juntas por diferentes etapas de nuestras vidas.
Graduaciones, cumpleaños, nuestras bodas, nuestros divorcios, nuestros nuevos amores.
Hemos vivido las enfermedades propias y las de nuestras respectivas familias.
Nos hemos enfrentado a cualquier tipo de dilemas.
Nos hemos contado nuestros más íntimos secretos.
Nos queremos y también nos hemos odiado.
Como en toda relación donde hay amor también hay odio, pero nunca indiferencia.
Con ellas comentamos los libros que nos gustan, las películas que vemos, hablamos de la música que amamos, conocemos nuevos géneros musicales.
Nos reímos de las cuestiones simples de la vida.
Y siempre, siempre, siempre, estamos ahí la una para las otras dos y las otras dos para la una.
Como los 3 mosqueteros.
Somos un clan de tres.
Y hoy te he querido contar de mi especial amistad con estas mujeres porque hace dos días falleció el mejor amigo, el "broder" del alma de un nuevo amigo mío al cual conocí a través de un grupo de melómanos en el facebook.
Y a mi amigo lo ha invadido la tristeza.
Y yo comprendo su tristeza.
Me pongo en sus zapatos.
Si mis dos amigas se me adelantaran en el viaje hacia la otra dimensión me sentiría abrumada, inconsolable, triste y casi manca.
Ya les dije que por favor, nunca, jamás, por ningún motivo, se les ocurra partir de aquí antes que yo.





4 comentarios:

Alexia Paz dijo...

Soy muy renuente cuando se trata de hablar de la muerte. No me gusta, no tanto imaginarme la mía, sino la de las personas que quiero. Incluso estas líneas me cuestan trabajo, pero me conmueve mucho tu reflexión de hoy. Como sabes ya he vivido la muerte de un amigo muy querido, y aunque la vida siga su curso, no hay manera de reemplazarlo, ni siquiera su recuerdo te consuela, pero aprendes a vivir con ello. Por eso permíteme imaginar que siempre estaremos juntas como hasta ahora... aunque sepa que eso no existe en esta "dimensión" TQM

Valentina dijo...

Imaginemos entonces que siempre estaremos juntas en ésta y en la siguiente dimensión, mi querida hermana del alma.

Héctor García dijo...

El fallecimiento de Memo nos pegó durísimo a todos los que alguna vez tuvimos el gusto de compartir algo con él. Era una magnífica persona, mucha gente lo estimaba. Yo también lloré por él, por Jesús, por mis recuerdos de aquellos tiempos en los que todo era simplemente genial. Ahora es momento de dejar ir el apego a esas memorias y esos sentimientos. La muerte de cada persona cercana nos acerca más a la vida, a disfrutar lo que tenemos aquí y ahora así como a quienes tenemos para compartirlo. La muerte es una lección de vida.

Pensemos que quienes se adelantan están en un lugar mejor, acompañándonos silenciosamente, emocionados por nuestros logros, consolando nuestras desdichas. No se irán hasta que nos olvidemos de ellos y esperemos que eso nunca suceda...

Valentina dijo...

Gracias por compartir tu sentimiento en este espacio.
Un abrazo para ti y todos los que conocieron a Memo.