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lunes, 20 de agosto de 2012

Tina y la Lluvia

Cuando Tina era una niña, su madre solía celebrar sus fiestas de cumpleaños al aire libre.
Invariablemente llovía, granizaba y bajaba la temperatura.
Y es que Tina nació en el mes de Febrero, muy loco.
Pueden pasar días y días de sol radiante y de pronto amanece nublado y frío.
La mamá de Tina se aferraba a celebrar en el exterior, desde temprano enterraba cuchillos en la tierra, decía que tal ritual alejaría la lluvia.
Y la pequeña le rezaba al Dios de los Cuchillos suplicando de rodillas que el sol no se alejara.
En algunas de las tantas lluviosas fiestas de cumpleaños fueron las gotas de agua caídas del cielo las que apagaron las velitas del pastel de Tina.
Durante muchos años la chiquilla detestó los días grises, estaba convencida que su odio por la lluvia era debido a que las nubes habían arruinado varias de sus fiestas de cumpleaños.
Esa fue su creencia, hasta el día que se dio cuenta de los motivos verdaderos...

miércoles, 25 de abril de 2012

Tina y la Bóveda Celeste

Animada por las palabras de la vieja sabia, Tina emprendió el camino hacia el sur, sosteniendo con fuerza el dije de media luna que pendía de su cuello.
Por alguna razón el fetiche le confería paz, seguridad y tranquilidad.
Al cabo de un rato sus delgadas piernas se resistieron a continuar andando.
Obedeció al mandato de su cuerpo, se recostó junto a un árbol y miró con todo su ser la bóveda celeste.
Una variedad de cometas de colores brillantes, como la diamantina, sostenían un baile en el cielo.
Luego entraban en escena mandalas con  figuras caprichosas.
Las estrellas se convertían en lámparas, iluminaban el universo en tonalidades psicodélicas.
Más de una vez la niñita había observado espectáculo tan singular, pero parecía ser que sólo sus sentidos lo sintonizaban, otras personas permanecían ciegas a tal magnificencia.
Así como disfrutaba la hermosura de la bóveda celeste, Tina también era feliz persiguiendo los arcoiris y lo era mucho más tratando de encontrar los oasis en los desiertos.
En esta noche en particular, lo último que la niña de sus ojos observó fue un cometa violeta, el cual confirió a su tez apiñonada un halo luminoso, el cual opacó la tersura de su piel.


jueves, 22 de marzo de 2012

Tina y la Luna Menguante

En el silencio de la noche sólo escuchaba los latidos de su corazón.
Su respiración era agitada.
A su alrededor había oscuridad y otras cosas que no podía ver.
Tina sentía el terror fluir por sus arterias.
Trataba de correr, pero no podía, como en esos sueños donde el depredador sigue a su víctima y las piernas son pesadas, sin movimiento.
Gritaba en vano, ningún sonido profería su garganta.
Tenía frío y sólo sus brazos para arroparse.
Inmovilizada, se acostó en posición fetal.
Sus lágrimas sabían a mar.
Deseaba tanto que su madre viniera a rescatarla de esta pesadilla.
Mas no era un sueño donde se encontraba.
Escuchó pasos.
Alguien o algo se acercaba.
Sintió una punzada en el plexo solar.
Esta vez el miedo se apoderó de la niña.
Sabía de memoria lo que sucedía tras esta sensación.


Las nubes abrieron espacio a la luz de la luna.
Sorprendida, no vio al depredador.
En su lugar apareció frente a ella una anciana.
No podía ver su rostro, pero sí su postura jorobada y su lento andar.
La mujer vestía una falda larga, de color escarlata.
Llevaba sobre su cabeza una capa negra raída.
Y de su huesuda mano derecha pendía algo brillante.
Se acercó a Tina, sin pronunciar palabra.
La niña se incorporó, ahora estaba sentada sobre la tierra húmeda.
Por alguna extraña razón la anciana le inspiraba confianza.
La mujer descubrió su cabeza.
Unos ojos de un azul transparente, como el mar de Cancún, miraron a Tina, compasivamente, o al menos así  deseaba la niñita que fuera.
La anciana entregó a la pequeña una cadena de plata con un dije en forma de luna menguante.
-Sigue tu camino, Tina. Permite que tu instinto y esta luna te guíen- pronunció la anciana.
Tina recibió el regalo y se quedó mirándolo como en estado de trance.
Sintió que su cuerpo caía en espiral, hacia el vacío.
Al levantar la cara para agradecer el obsequio, la anciana se había desvanecido.
Tina se levantó del suelo frío.
Sacudió el lodo de su pantalón de mezclilla, buscó a la vieja vestida de tono escarlata.
No la encontró.
Entonces decidió comenzar su camino hacia el Sur.



miércoles, 11 de enero de 2012

Permiso Me Otorgué

Las recién pasadas vacaciones me comporté como una niña.
Mas no por los berrinches o caprichos de la naturaleza femenina,
sino porque realicé actividades propias de la infancia.
Jugué a los globos con agua...
...a que me llenaban de espuma, con todo y mi recién planchada blusa de lino.
Pisé el pasto desprovista de sandalias, me batí de lodo y esperé en vano el regaño; me quedé sin recibirlo porque ya soy adulta.
Ah!, qué delicia es ser grande y que nadie te diga lo que sí y lo que no.
Teñí con colores y formas sicodélicas una playera, tal cual lo hice cuando tenía ocho años de edad, en aquella escuela primaria de Port Orange.

Mi playera shubidubi

Acompañé a la turba a despertar y aventar a Roberto a la alberca, quien dormía una apacible siesta para curar la resaca de la fiesta de Año Nuevo.
Me puse un antifaz azul y me sentí princesa...
...y como niña con juguete nuevo, pedí no irnos y quedarnos un ratito más... "¿Sí? Porfis, porfis di que sí".
Y me concedieron el permiso...
...o mejor dicho...
...PERMISO de ser yo misma me otorgué,
ensucié mi ropa, sudé, me empapé
y salí de mi aparador de muñequita inmaculada.

Y me di cuenta que en una de ésas hasta puedo ser feliz.

viernes, 23 de septiembre de 2011

El Niño de las Gafas de Pasta Negra

Cierta tarde de verano la niñita de las piernas flacas, como un par de popotitos, se encontraba regando el césped del jardín cuando llegó el niñito de las gafas de pasta negra, montado en su bicicleta, con un ramo de flores silvestres.
La niñita se sintió nerviosa.
El niñito bajó de su bicicleta, se dirigió a ella, le entregó el ramo de flores silvestres y le pidió que se casara con él.
La niñita no supo qué decir. Sólo atinó a aventar las flores y la manguera al suelo y correr hacia el interior de su casa.
El niño se quedó afuera, triste y perplejo.
La niñita entró a su recámara y comenzó a llorar y gritar que ella jamás se casaría ni tendría hijos.
La mamá de la niñita, al escucharla, se dirigió a la recámara y la tomó entre sus brazos.
¿Qué sucede?, preguntó a la chiquilla.
Y la niña lloraba torrencialmente y seguía diciendo: "Nunca me casaré ni tendré hijos".
La madre acariciaba los cabellos lacios de la niñita y le decía: "Está bien, está bien".
Cuando la niñita creció sí se casó, pero jamás pudo engendrar hijitos... y sí quería tenerlos...

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Con la Pena

Yo fui una niñita flaca y muy callada.
Los amigos de mis padres me llamaban "little lady".
Yo no interactuaba con los adultos durante las fiestas en casa de mis progenitores.
Me concretaba a mirarlos un rato y luego prefería irme a mi recámara a dormir.
Era una niñita sumamente tímida.
Niñita penosa
En el primer kinder que estuve, aquí en México, prefería quedarme en el salón de clases a la hora del recreo.
Mi carácter introvertido no mejoró con el tiempo.
Cuando llegué al kinder en Florida, E.U., me sentí perdida.
Sumado a que me daba harta pena entablar comunicación con otros niños, éstos hablaban un idioma desconocido para mí.
Ah!, cómo se me dificultó integrarme.
Y de pronto mis padres decidieron que era momento de cambiarnos a otro condado.
Mi padre era pelotari (profesional del Jai Alai o pelota vasca) y cada temporada trabajaba en un frontón diferente.
Cada vez que nos mudábamos yo sentía una angustia espantosa pues significaba conocer otra vez gente nueva... y la necesidad de adaptarme.
Cuando llegué a la preadolescencia, mi timidez se redobló.
Me daba vergüenza mi cuerpo transformándose en el de una "little lady".
Usaba chalecos para esconder mis nuevas formas femeninas.
Le pedía a mi madre que ella entrara a la farmacia a comprar las toallas sanitarias.
Cuando ingresé a la preparatoria conocí un mundo nuevo y diferente.
Al inicio de clases me fue difícil entablar amistades, pero al poco tiempo ya formaba parte de mi grupo de pares.
En ese clan me sentía contenta, libre y sin vergüenza.
Pero la timidez no se había marchado.
Fue quizás por ese motivo, entre muchos otros, que decidí estudiar periodismo.
Consideré que en ese oficio no me quedaría más remedio que comunicarme.
Me vería enfrentada a personalidades importantes y no importantes para entrevistarlos.
Se me tendría que caer la máscara de la timidez... o me tendría que poner la careta de yo soy muy extrovertida.
En la actualidad yo podría llegar a un lugar y presentarme de la siguiente forma:
"Hola, me llamo Valentina y soy muy tímida".
Y al poco rato alguien me podría decir que mi presentación ha sido una total falacia dada mi facilidad para integrarme a nuevos grupos de personas sin pena alguna.
O bien, me puede ganar el silencio y sólo observar.
En esos casos, me integro a pasos cortos, me acerco a las personas que me inspiran confianza.
Yo me he esforzado por combatir la timidez, pero lo cierto es que es una característica de mi personalidad y me acompañará hasta el momento de despedirme de esta dimensión.
Y tú...  ¿Eres una persona tímida o extrovertida?

martes, 14 de junio de 2011

Las Fresas y Mis Primas

Y hablando de cerezas me acordé de la fresa, así funciona mi mente, puras asociaciones de ideas, imágenes, sonidos, aromas...

Fueron mis primas, Claudia y Alejandra, quienes me llamaron fresa por primera vez...

Estábamos bien chiquitas, en la boda de mi tío Cachorro, en una azotea de un edificio en Acapulco, allá por la Quebrada, creo yo.

Y me traumé.

No sabía qué significaba eso. A mis escasos 11 años de edad, recién desempacada de gringolandia, lo consideré un insulto.

Mi madre tampoco supo explicarme con exactitud por qué mis primas me habían llamado así.

Algún tiempo después lo averigüé.

Verás, mi querido lector o lectora no originario de Mexicalpán de las Tunas, en mi país una persona puede ser tildada de fresa por variados motivos.

Fresa puede ser alguien que habla como con una papa en la boca y al finalizar cualquier frase agrega: "¿Me entiendes?". Fresa podría ser quien no gusta de la música densa. O bien, fresa puede ser aquélla que no toma alcohol, no se desvela y "cero drogas, ¿ves". Fresa puede ser quien se siente "uyuyuy". Una persona materialista y superficial por supuesto es considerada fresa en mi Mexiquito lindo y querido.

¿Qué me habrán querido decir mis primitas?

Ahora que escribo y leo mi explicación para ti, querido lector o lectora cuyo país de origen no es México... admito que a veces se me puede escapar un poco casi nada de acento fresáceo (y me retuerzo en mi silla al escribir esto)... pero jamás preguntaré "¿me entiendes?" (esto es en serio)... Adoro la música, pero la muy densa no pasa ni con agua... Me desvelo poco, casi nada... No tolero el alcohol en exceso y no le hago a las drogas, "¿ves?"... No me siento "uyuyuy", pero la vanidad es, definitivamente, mi pecado favorito... Me fascina ir de chopping... Prefiero conversaciones profundas, pero admito que lo frívolo llama también mi atención.

Me parece que no soy fresa...

¡SOY FRESOTA!

Una fresota salvaje...

Y con esto y gran hilaridad, me despido de ti...

...con un abrazo bien fresa, dondequiera que estés.

Valentina


Fresa Paradójica


A mí me gustan las fresas con chocolate...

Divis divis...

Póngalo para llevar...


viernes, 13 de mayo de 2011

Mi Amiga Sin Nombre Y Sus Hippies Progenitores

Hoy escuché "Angel Of The Morning" a través de la magnífica voz de Chrissie Hynde (The Pretenders).

Mi mente se trasladó ipso facto al pasado, se fue hasta aquel día en el remolque de los papás hippies de mi mejor amiga de la cual no recuerdo su nombre.

La mamá de mi amiga sin nombre usaba faldas largas y flores en su lacia cabellera.

Su papá, o novio de su mamá, llevaba una larga barba y tocaba la guitarra.

En el pequeño remolque había siempre un tiradero espantoso. Desde chiquita yo era "toc toc" y no soportaba el desorden de una casa.

Era preferible sentarnos afuera, sobre el pasto, para respirar el aire puro del bosque. Supongo, y digo supongo porque no recuerdo, que los señores padres de mi amiga sin nombre fumaban marihuana, mariguana o cannabis... es lo mismo.

Recuerdo vívidamente el día que su papá, o marinovio de su mamá, tocó esta canción con su guitarra y la mamá de mi amiga sin nombre la entonó con una voz maravillosa.

Pero nunca tan maravillosa como la voz de Chrissie Hynde, ante quien me quito mi hermoso sombrero de paja que me cubre el rostro de los rayos del sol.

Chrissie Hynde - The Pretenders - de las mejores voces femeninas


Así era la mamá de mi amiga sin nombre

viernes, 3 de diciembre de 2010

Cómo Veo A Través De La Niña De Mis Ojos

La niñita de los cabellos castaños, largos y lacios caminaba de la parada del autobús escolar hasta su casa por una vereda sombreada por los árboles. A mitad del camino se detenía para observar durante un largo rato a los ponies pastando enmedio de un paisaje verde intenso.

La niñita de las piernas como un par de popotitos, así le decía su mamá, iba a una escuela primaria pública que se parecía a cualquier colegio privado de la Ciudad de México. Le gustaba su salón de clases, con mesitas y sillitas adecuados para infantes; con paredes tapizadas de cartulinas con recortes de revistas de acuerdo al tema o color asignado por la miss; decorado con una gran pecera repleta de pececillos de todos los colores; con estantes llenos de libros y materiales de trabajo, crayolas, cartulinas, hojas, plastilina, bloques de madera, glitter, pegamento, tijeras y demás.

La niñita de la piel más que aceitunada, bien morena, por los rayos del sol de la Florida, miraba a las dos hermanas mayores de su amiga Robin, adolescentes rubias, altas y delgadas, asoleándose en sus diminutos bikinis. Ella no tenía más de 9 años, pero tomaba su bolsa playera, sus lentes oscuros, toalla grandota y se iba a tender junto a las chicas del bikini diminuto, soñando con el día en que sería como ellas.

La niñita de los dientes blancos y parejos realmente no llegó a ser tan alta y esbelta como aquel par de gringuitas que tomaban el sol y platicaban de sus novios.

A la niñita de los ojos casi negros le gustaba mucho celebrar el día de su cumpleaños en su escuela, porque la costumbre era que la cumpleañera llevara cupcakes para compartir con sus amiguitos, y éstos le cantaran el japiberdeituyu con todo y gorritos, globos y cornetas.


La niñita se ha convertido ya en una mujer, pero le siguen fascinando los cupcakes, más que por el gusto o su sabor, por lo hermosos que resultan a la vista.

He aquí algunas imágenes de cupcakes vistosos y preciosos...


El detalle de los pétalos me encanta



  Son una obra de arte


Femeninos y preciosos

Los hay también para la tía Hello Kitty


Un trabajo artesanal, cómo comerlos, hay que ponerlos de adorno

Así me gustaría estar, en la frivolidad total, rodeada de pastelillos y cupcakes...
pero María Antonieta según Sofía Coppola será tema de otro blog

miércoles, 2 de junio de 2010

La Chimis Place

Cuando niños o cuando éramos un poco más jóvenes que ahora, mis primos y primas del lado de mi mamá éramos la familia muégano o como la familia Burrón, de ésos que siempre jalan juntos con todo y el Tobi (perrito de la Papas), en lugar del perico.

Estábamos juntos en las fiestas, en los fines de semana, en las bicis del bosque de Chapultepec, en el día de campo allá por donde está el monumento a Morelos, en la casa del tío Poncho y la tía güera, en la casa de los Andalón, en mi adorado puerto.

Eramos la runfla de chiquillos de todas las edades, la más pequeña era Cinthya y yo siempre la mayor, la que los cuidaba cuando los adultos se iban al cine o al teatro, la que los cuidaba cuando los adultos se tomaban sus cubas de bacachá y bailaban al ritmo de la Celia Cruz.

De cada uno de mis primos y mis primas guardo algún recuerdo que algún día aquí compartiré y no hoy porque el espacio de hoy lo voy a dedicar a la Chimis Place, como la bautizó mi tío Cachorro.

Sí, como en todas las familias en la mía abundan los sobrenombres chistosos. A mí me dicen Tití, como también me bautizó el tío Cachorro. Su hijo mayor es Bayo y mi madre es la Nena. Mis hermanas son las Cuatas o las Burracas Parlanchinas, como les decía mi tío Poncho. La Papas es mi prima Irene y ahora tenemos a la Chori, a la Monis y al Coby.

La Chimis Place siempre fue una niñita especial y hermosa, de ojos grandes y expresivos, de cabellera blonda que hasta la fecha lleva larga. Hace caso omiso a consejos de su hermana o míos para que se haga un cortecito. Y hace bien.

Es la más costeña de todos, con su acento acapulqueño y sin pelos en la lengua. Habla como quiere y dice lo que piensa, le vale madres lo que digan los demás.

El protocolo le hace los mandados y las majaderías forman parte de su cotidianeidad.

Alegre, risueña y ocurrente, ella es la Chimis, mi prima hermana o mi hermana prima que hoy cumple 40 años de haber llegado a iluminar el mundo.

Muy bien vividos, querida Chimis, te mando un abrazo de aquí hasta Acapulco.