Cada lunes hago un gran berrinche...
...porque aún me siento fatigada, dos días de descanso no bastan...
...porque no me quiero levantar...
...porque no quiero ir a trabajar...
...porque necesito un día más para atender asuntos domésticos o simplemente para satisfacer necesidades meramente hedónicas.
Hoy en la mañana por supuesto que llevé a cabo mi super berrinche, tal y como lo realizo religiosamente cada lunes.
Y en ese "mood amargueitor" venía yo esta mañana manejando hacia la oficina.
Conducía a la vez que me fustigaba con el látigo de la víctima, lamentando lo cruel mi destino...
...tener que ir a la oficina.
Al llegar a la oficina, mientras esperaba que el vigilante me abriera, observé el camión de la basura estacionado justo enfrente del edificio donde yo trabajo.
Observé... porque en otras ocasiones sólo veo.
Y sentí un vuelco en el corazón.
Tres hombres subidos en la parte trasera del camión se dedicaban a la non grata tarea de separar la basura.
Abrían las bolsas y colocaban latas, papeles y quién sabe cuántos desechos más en diferentes pilas.
No usaban guantes. No llevaban cubrebocas.
Sus miradas eran distantes.
No miraban la basura.
Sus miradas estaban fijas en el horizonte.
Y mi mirada se posó el día de hoy sobre ellos.
Se me quitó la cara de amargueitor y agradecí a la vida que yo me dirigía a trabajar a una oficina limpia, cómoda y agradable.
Me sentí afortunada de tener un trabajo en el cual no tengo que meter las manos en ninguna inmundicia...
...pero los rostros y miradas perdidas de esos tres hombres se quedaron registrados en mi atribulada mente.
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lunes, 27 de junio de 2011
lunes, 13 de septiembre de 2010
Lo Que Yo Pienso Que Tú Piensas Que Yo Pienso
En esta ocasión te platicaré nuevamente sobre la realidad, si acaso se
le puede llamar de tal manera.
Los argumentos de hoy y los de la anterior consulta en el diván se basan
en un par de ensayos que escribí para la clase de Epistemología y Psicología.
Había "monologuiado" sobre la realidad dependiente del observador, ésa en la cual yo puedo construir mi realidad.
Ahora "monologuiaré" sobre cómo esa realidad mía tan subjetiva se
puede
malinterpretar al transmitirla a mi interlocutor si yo desvirtúo el mensaje mediante
la confusión, la desinformación o por mi forma de comunicarla, ya sea a través
del lenguaje hablado o del indirecto y averbal.
Averbal es el lenguaje corporal, esas señales inconscientemente emitidas y que un receptor observador bien puede captar o captar a su entender.
Y yo también soy receptora de comunicaciones posiblemente claras, confusas o con pretensiones de manipulación. ¿Cuántos mensajes llegarán a mí desvirtuados por la forma de comunicármelo? ¿O estarán dirigidos
con intenciones de hacerme creer en los beneficios de un producto, una idea,
una iniciativa, en la veracidad de un informe, de ciertas estadísticas o de tal o cual conferencia
magistral ofrecida en un idioma desconocido, traducido por un intérprete que
malinterpreta el discurso?
Yo interpreto, tú interpretas, nosotros interpretamos.
Yo pretendo
comunicar una idea, el mensaje puede contener significados diferentes según el receptor.
Llevándolo a ejemplos cotidianos, basta con encender la televisión y
escuchar a algunos comentaristas de noticieros. Lo inquietante es que muchas
personas consideran lo visto y escuchado como la verdad absoluta, porque lo
vieron en la tele, lo escucharon en la radio, lo leyeron en Vanidades o lo han
“googleado”.
Es casi “palabra de Dios” porque lo dijo Loret de Mola, lo esgrimió la
Micha, lo expresó Martha Debayle; es absolutamente verdadero porque
está en
wikipedia o así lo confirmó la Valentina : )
Como te había comentado en otra entrada a este diván, se anuncian productos
milagrosos para bajar de peso, perder grasa, eliminar la celulitis, mejorar la
circulación, nivelar el colesterol, lucir la figura soñada, cápsulas para
atraer al sexo opuesto, para ser felices, para dejar de sufrir.
Un día “informan” que tres pescadores mexicanos estuvieron a la deriva
en alta mar durante nueve meses y, al ser rescatados, salen en los noticieros
todos bronceados, nada desnutridos, ni con la piel ajada por el sol.
Hace algunos años surge el incontrolado rumor del ataque de un animal
desconocido al ganado, cabras y pollos. Nace así la leyenda del famoso “chupacabras”.
Se esparce la psicosis entre habitantes de pueblos, ranchos y granjas. “La verdad
depende de lo que se cree. Una profunda superstición puede crear sus propias
demostraciones de realidad” (Watzlawick).
Cierta mañana de Septiembre vemos a través de la pantalla de la televisión cómo se
estrella lo que en ese momento no se tiene la seguridad es un avión, en una de
las ahora inexistentes Torres Gemelas en Nueva York.
Los locutores del noticiero matutino, Lourdes Ramos y Jorge Berry, no se
explican lo sucedido. Plantean una y otra y otra hipótesis, todas basadas en lo visto, o en lo que creen haber visto. Fue un
helicóptero, una bomba, una avioneta. No atinan a la noticia objetiva. Se ha
creado “la niebla de la confusión, circunstancia particularmente fácil para
sucumbir a ciertas sugestiones que aparecen en el instante crítico”
(Watzlawick).
“Los modernos cultivadores del lavado de cerebros”, como atinadamente los llama Watzlawick en el prólogo de “Es Real la Realidad”, nos distraen con ciertas
formas de violencia psicológica proyectando secuestros, crímenes, descabezados, asaltos, "mocha orejas" y
balaceras en el Starbucks de la del Valle.
Pretenden desviar la atención de la crisis económica, el desempleo y la miseria
imperante en nuestro país a través de la difusión constante de partidos y
crónicas de futbol; los conductores de ciertos programas mañaneros del canal de
las Estrellas parece ser no pasaron el examen para obtener la licencia de
locución, pero qué tal bailan y expresan, o mas bien gritan y se arrebatan el
micrófono para decir meros sinsentidos.
Los tres campos de la vida y de la actividad humana son manipulados: la
acción, el pensamiento y el sentimiento.
La acción se reduce a sentarse robotizadamente frente al televisor.
El pensamiento es
invadido por los constructos de quienes realizan los programas televisivos.
Los
sentimientos son abordados a través de historias de encuentros y desencuentros
lacrimógenos en algunos de los “reality shows” tan tristemente de moda.
En el terreno de las relaciones humanas es típico “lo que yo pienso que
él piensa que yo pienso”, premisa de la cual surgen dilemas entre la pareja,
con los hijos, con el jefe, con los compañeros de trabajo.
Se crea y se cree en una forma de
comunicación confusa, con información a medias y conducente a conclusiones
erróneas.
Al final del libro, Watzlawick aborda un tema que afortunadamente entró
a mi vida hace algunos años, a través de la lectura de Wayne Dyer.
El hablaba
sobre un tal Osho, para quien el objetivo de cualquier técnica de meditación es ubicarnos
en el aquí y ahora.
Me inquieta el planteamiento de Watzlawick sobre el aquí y ahora:
“nuestra más inmediata vivencia de la realidad, el presente, es solamente ese
instante infinitamente breve en el que el futuro se convierte en pasado y que,
en sí mismo, no tiene duración”.
El transitorio presente, el eterno aquí y ahora de muy corta duración, me consta.
Pese a su brevedad, el presente es lo más tangible, el pasado ya no existe, el futuro es incierto.
Como los místicos, me quiero liberar de las preocupaciones del pasado y del futuro, deseo ubicarme en el eterno aquí y ahora, lugar donde está ocurriendo mi vida...
...y no diré la realidad porque ésta es meramente relativa.
Como los místicos, me quiero liberar de las preocupaciones del pasado y del futuro, deseo ubicarme en el eterno aquí y ahora, lugar donde está ocurriendo mi vida...
...y no diré la realidad porque ésta es meramente relativa.
Y a ustedes, mis queridos locutores de la televisión, que les crea su mamá.
lunes, 6 de septiembre de 2010
La Construcción del Universo o Cómo Cada Quién Engendra Su Universo
Considero
que es en extremo difícil, mas no imposible, romper con paradigmas, sobre todo
cuando han sido creados por nosotros mismos. Estamos impregnados de ellos, nos
oponemos a cambiarlos. Por un lado, es muy cómodo estar en zona conocida y, por
otro, cómo cambiar lo conocido por algo incierto. Más vale malo conocido que
bueno por conocer, nos aferramos al dicho popular.
Nuestras
creencias, lo que vemos, cómo percibimos y nos comportamos, son fruto de una
historia cuyo comienzo data desde el día en que nacimos… o posiblemente un poco
antes de ello… esto último puede ser un nuevo paradigma capaz de intranquilizar a más de
un esquema.
¿Cómo
escapar a la influencia del entorno donde fuimos educados, del país o países donde
crecimos? ¿Cómo olvidar los valores inculcados, si es que hubo tales? ¿Cómo es
posible que una persona de convicciones religiosas firmes piense en la
posibilidad de obtener lo que desea sin la intervención divina de ángeles o
santos? ¿Es posible mirar el mundo a través de ojos distintos a los de mamá o
papá? ¿Es plausible la interrelación con los demás de una forma diferente a la marcada por ellos?
En
cuanto al concepto de la realidad, siempre creí era aquello que mis ojos ven.
Independiente de mí, sin que yo pudiera intervenir en los sucesos.
Respecto a
la objetividad de lo que mis ojos ven, en la escuela de Periodismo Carlos Septién García, los profesores frecuentemente hacían hincapié en la
importancia de concretarnos a narrar los hechos sin impregnarlos de puntos de
vista personales, sólo en editoriales, si acaso, era posible esgrimir
comentarios subjetivos.
En
mis años de estudios periodísticos, la lectura de “Las Enseñanzas de Don Juan”,
de Carlos Castaneda, abrió mis ojos a una nueva dimensión, aprendí en sus
escritos que la realidad que los ojos ven puede ser modificada por el peyote, droga
cuyos efectos alteran el estado de la conciencia.
Hasta el momento en que escribo estas líneas no he experimentado la realidad a través del consumo del peyote u otro psicotrópico, la realidad para mí ha sido aquélla que mis ojos pueden observar, lo comprobable y tangible.
Pero aquel día que escuché la exposición de la maestra
Andrade sobre epistemología, psicología y las dos formas como se puede ver la
realidad… y cuando leí “La Construcción del Universo” de Watzlawick y
Ceberio, se alteraron mis creencias.
Lo
expuesto por la maestra Andrade, debo admitir, cambió mi concepción acerca de
la realidad, o por lo menos gestó el ánimo de revisar algunos
paradigmas.
La realidad dependiente del observador llama mi atención por la
máxima que esgrime que el individuo construye su realidad, es partícipe de lo
observado y responsable de aquello que le ocurre. Y más aún, que esa realidad
puede ser positiva, con interacciones sanas, dependiendo de la realidad que el
observador decida construir.
A
través de la lectura de “La Construcción del Universo” comprendí que no hay
verdades absolutas porque cada “verdad” parte siempre desde el sistema de
creencias del observador.
Aquí y ahora contestaría a aquellos profesores de la
Escuela de Periodismo que la objetividad es un concepto prácticamente imposible,
la nota periodística invariablemente estará impregnada por la experiencia y creencias del
redactor o locutor.
Trasladado
al terreno de la Psicología, en el modelo Sistémico, a diferencia de la
psicoterapia tradicional, el terapeuta (observador no excluido) y el
paciente, su pareja y/o familia (los observados) formarán todos parte del sistema
para entender su interacción dinámica y diseñar estrategias adecuadas para
reestructurar las relaciones entre ellos.
Cada
uno de los integrantes de un núcleo familiar trae consigo su versión de la
historia impregnada de atribuciones de significado propias. La tarea del
terapeuta sistémico (quien también trae al consultorio sus propias atribuciones),
consiste en ayudarlos a redefinir esas historias creando una nueva versión que
los ubique en el aquí y ahora, con una forma de
interrelacionarse en la cual cada uno de los miembros se haga
responsable de sus actos.
Sucede
que cuando describimos la realidad no solamente estamos representando con
palabras lo que vemos, sino estamos revelando nuestras creencias,
hablamos de la realidad desde el sitio en el cual estamos parados.
Relatamos o
inventamos la realidad a través del lenguaje, palabras, sintaxis y semántica
aprendidos, el mundo “es” según nuestras construcciones, de acuerdo a nuestras
cogniciones y percepciones.
Watzlawick
nos retira la venda de los ojos de manera magistral cuando se refiere a la
ilusión de la “ilusión” y su conclusión sobre ésta: no hay ilusión, porque hay solamente ilusión.
Yo
tengo mi mapa del mundo y tú tienes el tuyo.
Contrastamos nuestros mapas, descubrimos
que son diferentes y los catalogamos o calificamos. Sin embargo, ninguno de
estos mapas es mejor o es peor. Se trata solamente de diferentes construcciones
derivadas de
experiencias vividas, de cogniciones diferentes, creencias aprendidas,
percepciones distintas.
El poseedor de cada mapa tiene sus propias
construcciones y juicios de valor.
Menudo
es el dilema cuando yo quiero que tú veas el mundo de acuerdo a mis propias
construcciones y, peor aún, cuando tú te crees poseedor de la verdad absoluta.
Vamos
directo al camino de auto-perpetuar la patología y el dolor, diría Watzlawick.
Lo
más inquietante es que la mayoría creemos que lo que vemos “es”, sin conocimiento
de la existencia de realidades alternativas, tanto las que cada individuo tiene,
como las que una misma puede construir.
Así
que no es posible hacer cambiar la forma de ser del padre o la madre, o de la
pareja, pero sí es posible modificar las percepciones de las historias
relacionales, a través de la construcción de una historia alternativa.
El
respeto ajeno por mi mapa y mi respeto por el tuyo evitaría muchos dolores.
Dicen
que una forma de construir mi realidad es a través de lo que pienso.
Entiendo
que para bien o para mal, pues un pensamiento negativo será una profecía
autocumplida. Aprendo que las interacciones presentes, aprovechando cada
momento intensamente, sin generar incertidumbre sobre el futuro, me labrarán
una historia de crecimiento para el día de mañana.
Inquietante
es también nuestra tendencia… de acuerdo, MI tendencia a suponer respecto a las
acciones de los demás, sobre lo que piensan o sienten.
De
tal interacción deviene el caos, los supuestos construyen realidades que
confirman tales supuestos.
Si tan sólo preguntara en lugar de suponer, atinada es
la recomendación de los autores de este libro.
Y
así como mi realidad está impregnada de mi experiencia, percepción, capacidad
cognitiva, lenguaje y juicios de valor, descubro que aquello en lo cual yo ponga
énfasis, estará acentuado por lo que mi epistemología natural y espontánea me
permite ver.
Mi
epistemología dará cierta construcción a un hecho observable, esculpirá la
forma en que lo describo y cómo lo categorizo.
La
realidad que depende del observador es flexible, el sujeto puede cambiar el
punto de observación para su realidad. Se reestructura la idea, hay nuevas
perspectivas de enfoque sobre la idea: “No
cambia el contenido del cuadro, sino sólo su marco, pero cambiando el marco se
altera el contenido del mismo cuadro” (G. Nardone y P. Watzlawick, 1992).
Los
conflictos en la interrelación entre miembros de la familia o de la pareja se
resuelven cuando cada uno de los integrantes asume la responsabilidad de sus
actos y deja de colocar el origen de sus conductas o problemas en la actitud
del otro.
Cuando
cambio el papel de víctima por el de actor participativo en los sucesos, no me
quedo con el porqué de mi situación sino con el ¿qué es lo que sucede? (aquí y ahora) con esta situación y cómo
puedo cambiar el enfoque para crear una construcción nueva con respecto al
problema.
Ahora veo que el ver la realidad como
algo que descubro y no como algo que puedo construir me ha llevado a recorrer, de
forma recurrente, caminos largos y sinuosos…
Claro,
asumir el papel de víctima ha sido menos difícil que aceptar la responsabilidad
de mis actitudes y acciones.
Los
constructivistas señalan que nada es casual… supongo fue entonces la
causalidad la que me condujo a estudiar Psicología.
Me
parece que ha llegado el momento de cambiar y romper algunos –o varios-
paradigmas.
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