lunes, 19 de diciembre de 2011

Me Duele El Alma

La depresión es para mí un estado latente.
El medicamento es una muleta. Me ayuda a hablar abiertamente durante la psicoterapia. Me permite entrar más fácil donde no quiero ver.
Habré subido más de veinte peldaños cuando de pronto me resbalo diez.
Y hacia abajo voy, como Alicia en la madriguera del conejo.
Cualquier atisbo de menosprecio que se tope con algún fantasma de mi inconsciente es suficiente para desfragmentarme en un segundo.
Entonces debo volver a pegar las piezas, una por una, con paciencia, un peldaño a la vez.
Y es así como transcurre el tiempo, escalo peldaños, me tropiezo, vuelvo a caer.
Me levanto. Me sacudo. Se abren las compuertas de mis lagrimales y surgen ríos embravecidos que mojan mis mejillas.
Me siento perdida y luego me encuentro.
Me siento pequeña, diminuta, hasta que desaparezco.
Me siento dolida. Mi corazón duele. Mis ojos duelen. Mi alma duele. Mi ser duele.
Me falta el aire. No puedo respirar.
Me duelen las entrañas. Me acomodo en posición fetal. De todas formas duele.
Me pregunto el porqué. Las respuestas no existen.
Quisiera un abrazo. Recibo indiferencia.
Me encuentro triste. Me recupero a pasos cortitos.
La tarea es como la trigonometría. No entiendo nada.
Se requiere valor y no sé si lo tengo.
Estoy en crisis. No sé si me salve.

12 comentarios:

Jana dijo...

Hoy estuve pensando en ti mientras compraba la caja de petits desserts Lindt, más dos barras dobles, más las nuevas figuras navideñas. Los osos hermosos que compré hace dos semanas, se agotaron. Te encontré entonces entusiasmada hasta para romper la dieta. ¿Quién dijo que nos hemos de sentir siempre bien? Estas fechas dan para todo, lo que quiero decirte es que no estás sola, no solamente porque a todos nos pasa igual que a ti, esto es a todos los mortales, sino porque siempre hay alguien que piensa en ti. Seguro, seguro no soy sólo yo.
Te abrazo con cariño
Jana

Valentina dijo...

Sabía que irías corriendo por los chocolates Lindt :) Tienes razón Jana, esta época da para todo. Me siento melancólica y nostálgica. Ya pasará. Gracias por tu cariño, eres muy correspondida. Te abrazo también.

Alexia dijo...

Fuerte sí eres, y mucho. Sé que mañana estarás mejor y, si no, estamos todos los que te queremos. Abrazos hay para ti, a montones, sin necesidad de buscarlos. Ve adonde sí hay...

Valentina dijo...

Gracias amiga mía... sé que pronto estaré bien otra vez. El jueves que nos veamos nos damos un abrazo lleno de cariño.

Fernando de Alarcón dijo...

Me solidarizo contigo y, a manera de secreto, aquí en tu blog, te describo lo que ocurre en mi ser cuando atravieso desequilibrios en el ánimo:
La oleada oscura que hay en mi vida, y que tanto temo, llega con cierta regularidad. Desconozco los datos y las cifras, no he llevado nunca un diario cotidiano. Lo único que sé es que, de vez en cuando, sin causas exteriores, en mi alma se levanta una ola oscura. Proyecta una sombra sobre el mundo, como la sombra de una nube. La alegría suena a falsa; la música desafinada. La melancolía impera, morir es mejor que vivir. Esta melancolía llega de vez en cuando como un ataque, ignoro con qué intervalos, y cubre lentamente mi cielo de grandes nubarrones.
Empieza con inquietud en el corazón, con una sensación de miedo, probablemente con pesadillas nocturnas. Personas, cosas, colores y tonos que antes me gustaban se vuelven dudosos y adquieren un aspecto falso. La música da dolor de cabeza. Todas las cartas parecen destempladas y contienen dardos ocultos. Verse obligado a hablar con la gente durante estas horas es un tormento y acaba inevitablemente en escenas.
Pero la ira, la impaciencia, la queja y el odio no se refieren a las cosas o las personas, y todos se vuelven contra mí. Soy yo quien merece el odio. Soy yo quien introduce en el mundo la fealdad y el tono falso.
Sé que el mundo es hermoso, que a veces es infinitamente más hermoso para mí que para nadie, que los colores tienen más dulzura, el aire fluye con más facilidad, la luz flota con más delicadeza. Y sé que debo pagarlo con los días en que la vida es insoportable.
Existen buenos remedios contra la melancolía: el canto, la piedad, el vino, la música, la poesía, el vagabundeo. De estos remedios vivo, como el ermitaño de su breviario. Muchas veces se me antoja que los platillos de la balanza se han desequilibrado, que mis horas dulces son demasiado escasas y poco buenas para compensarme de las malas. A veces, por el contrario, creo que he progresado, que las horas buenas han aumentado y las malas, disminuido. Lo que jamás deseo, ni siquiera en los peores momentos, es un estado intermedio entre lo bueno y lo malo, un término medio soportable, por así decirlo. No, prefiero una exageración de las curvas; prefiero un tormento todavía peor, y, a cambio, un poco más de brillo para los momentos bienaventurados.
Gradualmente, el mal humor se va extinguiendo, la vida vuelve a ser bella, el cielo vuelve a ser hermoso, el vagabundeo vuelve a tener sentido. En estos días del retorno siento algo parecido a la convalecencia: cansancio sin ningún dolor, sumisión sin amargura, gratitud sin desprecio de mí mismo. Con lentitud, las líneas vitales vuelven a subir. Vuelvo a tararear el verso de una canción. Vuelvo a apreciar una flor. Vuelvo a jugar con algún objeto. Todavía vivo. Lo he superado. Lo superaré otras veces, quizá con frecuencia.
Hay días en que estoy convencido de que ningún habitante de la tierra puede observar con tanta exactitud y fidelidad como yo, provisto de mi viejo y nervioso sentido de poeta y vagabundo, ciertos cambios del aire y de las nubes, ciertos matices de colores, ciertas oscilaciones de fragancia y humedad. Y luego, nuevamente, me resulta dudoso que haya sido alguna vez capaz de ver, oler y oír, y dudo de que todo cuanto he creído percibir no haya sido tan sólo una imagen, proyectada hacia afuera, de mi propia vida interior.

Te mando mi abrazo.

Valentina dijo...

Describes exactamente cómo me siento cuando los días se vuelven oscuros. Gracias por tus palabras.

Anónimo dijo...

¡Un abrazo Valentina! ¡Y de los buenos!

Valentina dijo...

Gracias, por fortuna los días grises se han ido... hasta que regresen...

Alma dijo...

Qué pena me da saber que no te sientes del todo bien, pero tú eres muy fuerte y pronto estarás como siempre o mejor.
Si en algo puedo ayudarte puedes contar conmigo siempre.
Te quiero.

Valentina dijo...

Alma,
en ese momento me dolía el alma, pero afortunadamente ya pasó... como todo, todo pasa, nada permanece, se modifica.
Hay días buenos y otros oscuros.
Ahora son claritos... espero que así duren un rato...
Gracias por tus palabras y por tu apoyo...
Ve el te quiero de retache querida Alma.

Héctor García dijo...

En el tiempo que llevas estudiando la psique humana, que has aprendido sobre ti misma, sabes que está en ti el recuperarte. Pero claro, es indispensable hablar de ello. Si alguna vez quieres platicar, avísame.
Te mando un beso y apapacho de consuelo.

Valentina dijo...

Gracias Héctor, hablar sobre los momentos tristes es catártico. Cada día los episodios negros son menos. Pero estoy consciente de que hay matices en la vida... nunca será todo blanco ni todo negro... hay grises. El secreto es tratar de estar en el centro lo más posible. Estar en equilibrio, en balance con nuestro cuerpo y nuestra mente. Te mando un abrazo.