martes, 27 de octubre de 2009
Las Ideas Se Han Ido de Paseo
Hoy es uno de esos días en que me enfrento a la pantalla en blanco de mi computadora y las ideas no me llegan o me llegan muchas pero todas sin sentido alguno. Y aquí pasó un lapso de no sé cuántos segundos porque tengo la mente en blanco ---------- Nada, mi imaginación se fue de vacaciones a lugares insospechados -no me pregunten cuáles-. Estoy no muy preocupada porque ando muy dispersa desde hace algunos días. Mi mente está en huelga, se resiste a leer los ochocientos libros que me han recomendado mis maestras de Psicopatos, Técnica de la Entrevista y Adultez. No he leído ni una línea, no he hecho nada de nada. Mis ideas, imaginación y ganas se han ido de paseo... espero que regresen pronto. Hasta rara me siento de no estar nada preocupada.
lunes, 26 de octubre de 2009
La Antesala al Purgatorio
Hace unas horas conocí la antesala al purgatorio. Por fin me tocó la sesión final de la endodoncia de mi achacosa muela y, mientras el dentista no asesino hurgaba y picaba con el "explorador" mi pobre muela, yo trataba de distraerme pensando en otras cosas. Y pensaba en las cuatas que hoy cumplen años. Las cuatas son mis hermanas y eran bien traviesas cuando niñas, y cuando no tan niñas, también. Recuerdo, o más bien mi mamá me ha dicho, que a mí no me hizo mucha gracia que nacieran. Yo era una niñita de casi tres años cuando ellas llegaron a este mundo can. Era una niñita consentida y bien portada, algunos de los amigos de mis padres me llamaban "Little Lady". Pero las cuatas llegaron y todo mundo llegaba a la casa preguntando por las novedosas recién nacidas y a mí medio me pelaban. Eso también me lo ha contado mi mamá. El caso es que con el tiempo no se me hizo tan mala idea tener hermanas y con ellas jugaba a los amigos, con las barbies, a la tiendita y a los recortes. También jugábamos a la Señorita Cometa, ellas eran Takeshi y Koji y nuestro gato Cupertino era el Chibigón. La Señorita Cometa era yo. Y así como jugábamos, a veces también nos peleábamos. Pues bien, hace algunos años en un día como hoy nacieron mis hermanas escorpionas y yo agradezco que eso haya sucedido pues le han puesto la sal y la pimienta a mi mundo desde entonces. Feliz cumpleaños para ellas, pensaba yo mientras el dentista rellenaba mi muela con resina orgánica y el humito del sellador aromatizaba el consultorio. Ahora me voy rápido pues tengo que llegar a la escuela y queda poco tiempo.
sábado, 24 de octubre de 2009
Dios Mío, Dame Chance, Por Favor
El viernes fue un día diferente para mí dado que, sin haberlo planeado como casi siempre hacemos, tuvimos que viajar el Gerente de Ventas y yo a Monterrey, a solicitud de uno de nuestros clientes cuyo corporativo está allá. Una vez instalados en el auto de la supervisora de la zona regia, el aroma del café que llevábamos en mano invadió el ambiente y yo me sentí bastante contenta y relajada.
La junta fue productiva y exitosa, motivo por el cual nos fuimos a celebrar con un festín de rib eyes y arracheras. De postre nos dimos gusto con un cremoso helado de vainilla. Estaba tan feliz por los acuerdos logrados que me comí la jugosa y grasosita carne sin reparo alguno y disfruté mi helado sin sentir ninguna culpa de anoréxica.
Todo marchaba perfecto, qué mejor forma de cerrar una semana de trabajo.
Al llegar al aeropuerto para tomar nuestro vuelo de regreso, programado para despegar a las 8 de la noche, "Oh sopresa!", no aparece en el tablero. Había sido cancelado. Mi TOC interno despertó... "¿Y si me tengo que quedar aquí? No, no puede ser, no traigo más que mi bolsa conmigo. ¿Y si nos mandan hasta un vuelo de madrugada? No, por favor, estoy muy cansada, tengo que llegar a casa y dormir con mi pijama, además tengo clase de psicopatos a las 7 am, necesito descansar o esta vez sí voy a reventar en serio". En eso estaba cuando Rodolfo me anunció que nos había conseguido espacio en un avión que saldría a las 8.10. El argumento utilizado para convencer a la empleada de Aeroméxico fue que necesitaba urgentemente llegar a la Ciudad de México porque sus cuates habíanle organizado su despedida de soltero. Cierto en parte, pues se casa dentro de un mes.
Magnífica noticia, pensé. Podré dormir en mi casita y estar un poco menos fatigada en la clase de mañana.
Una vez sentados en el avión el capitán vaticinó turbulencia en no sé qué tramo del trayecto así como al aterrizar en el D.F.
A mi colega de trabajo le tocó sentarse una fila adelante de mí y mis compañeros de viaje eran a mi lado izquierdo una mujer como de 27 años y a mi diestra un hombre ya entrado en años. La mujer se arrulló y durmió inmediatamente. Yo hice lo mismo algunos minutos después.
Bien dormidas íbamos cuando el aparato en que volábamos se sacudió estrepitosamente y se inclinó no ligeramente sino muy a la derecha y continuó moviéndose cual microbusero en calle empedrada. Se sentía la velocidad, cosa rara en un avión tan grande.
La mujer que iba a mi lado y yo, despertamos espantadísimas. Experimenté una reactividad fisiológica intensificada, frente y nariz se me perlaron de sudor, dolor de estómago y cabeza, punzada en el pecho, temblor de manos y piernas. Imperó el silencio... no hubo gritos ni lloriqueos... sólo nos mirábamos unos a otros comprendiendo más que nunca al otro. La empatía se hizo presente en ese avión. Seguramente cada quién rezó a su Dios por la salvación propia y la de todos.
Yo imploraba en mi interior "Diosito por favor que el avión ya salga de este bache, ayúdanos a llegar con vida, dame chance, no me quiero morir ahora que por fin cerramos el trato con este cliente importante, no es justo que la novia de Rodolfo sea viuda antes del casorio, no me lleves ahora que me estoy reestructurando y soy tan feliz con baby face".
Y pues la aeronave continúo como maraca casi todo el tiempo. Como batidora voladora pasó por encima de la iluminadísima ciudad de Mexico lindo y querido hasta que por fin aterrizó para descanso y alegría de los todos agitados pasajeros.
Cuando vi a Rodolfo confesele lo espantada que había estado. El me dijo que también sintió miedito mas calladito se quedó al constatar que nadie esgrimió ni un gemido.
La junta fue productiva y exitosa, motivo por el cual nos fuimos a celebrar con un festín de rib eyes y arracheras. De postre nos dimos gusto con un cremoso helado de vainilla. Estaba tan feliz por los acuerdos logrados que me comí la jugosa y grasosita carne sin reparo alguno y disfruté mi helado sin sentir ninguna culpa de anoréxica.
Todo marchaba perfecto, qué mejor forma de cerrar una semana de trabajo.
Al llegar al aeropuerto para tomar nuestro vuelo de regreso, programado para despegar a las 8 de la noche, "Oh sopresa!", no aparece en el tablero. Había sido cancelado. Mi TOC interno despertó... "¿Y si me tengo que quedar aquí? No, no puede ser, no traigo más que mi bolsa conmigo. ¿Y si nos mandan hasta un vuelo de madrugada? No, por favor, estoy muy cansada, tengo que llegar a casa y dormir con mi pijama, además tengo clase de psicopatos a las 7 am, necesito descansar o esta vez sí voy a reventar en serio". En eso estaba cuando Rodolfo me anunció que nos había conseguido espacio en un avión que saldría a las 8.10. El argumento utilizado para convencer a la empleada de Aeroméxico fue que necesitaba urgentemente llegar a la Ciudad de México porque sus cuates habíanle organizado su despedida de soltero. Cierto en parte, pues se casa dentro de un mes.
Magnífica noticia, pensé. Podré dormir en mi casita y estar un poco menos fatigada en la clase de mañana.
Una vez sentados en el avión el capitán vaticinó turbulencia en no sé qué tramo del trayecto así como al aterrizar en el D.F.
A mi colega de trabajo le tocó sentarse una fila adelante de mí y mis compañeros de viaje eran a mi lado izquierdo una mujer como de 27 años y a mi diestra un hombre ya entrado en años. La mujer se arrulló y durmió inmediatamente. Yo hice lo mismo algunos minutos después.
Bien dormidas íbamos cuando el aparato en que volábamos se sacudió estrepitosamente y se inclinó no ligeramente sino muy a la derecha y continuó moviéndose cual microbusero en calle empedrada. Se sentía la velocidad, cosa rara en un avión tan grande.
La mujer que iba a mi lado y yo, despertamos espantadísimas. Experimenté una reactividad fisiológica intensificada, frente y nariz se me perlaron de sudor, dolor de estómago y cabeza, punzada en el pecho, temblor de manos y piernas. Imperó el silencio... no hubo gritos ni lloriqueos... sólo nos mirábamos unos a otros comprendiendo más que nunca al otro. La empatía se hizo presente en ese avión. Seguramente cada quién rezó a su Dios por la salvación propia y la de todos.
Yo imploraba en mi interior "Diosito por favor que el avión ya salga de este bache, ayúdanos a llegar con vida, dame chance, no me quiero morir ahora que por fin cerramos el trato con este cliente importante, no es justo que la novia de Rodolfo sea viuda antes del casorio, no me lleves ahora que me estoy reestructurando y soy tan feliz con baby face".
Y pues la aeronave continúo como maraca casi todo el tiempo. Como batidora voladora pasó por encima de la iluminadísima ciudad de Mexico lindo y querido hasta que por fin aterrizó para descanso y alegría de los todos agitados pasajeros.
Cuando vi a Rodolfo confesele lo espantada que había estado. El me dijo que también sintió miedito mas calladito se quedó al constatar que nadie esgrimió ni un gemido.
jueves, 22 de octubre de 2009
El Día Menos Pensado
Les cuento el episodio del asalto, el cual me ocurrió en el '97 y escribí sobre éste algún tiempo después...
"Cuando creía que los asaltos, así como el SIDA o cualquier otra enfermedad terminal eran algo que ocurría sólo a los demás, me pasó a mí, en el día menos pensado. En la mañana de ese día había presumido a mis colegas que jamás había sido víctima de la violencia imperante en la Ciudad de México. Sin querer, porque conscientemente nunca hubiera pasado por ahí, con todas las noticias escuchadas en la tele y radio, el coche en el que iba estaba circulando por el Eje 3 Sur a la altura de la Colonia de los Doctores.
-¿Dónde crees que estamos?- preguntó con una sonrisa inexplicable el conductor del Jetta blanco junto al cual iba sentada. Los gringos que iban en el asiento trasero no entendieron la pregunta, claro está.
Y en ese momento leí el letrero de la calle perpendicular al eje vial: Dr. Barragán. ¿Cómo se le ocurrió a este idiota meterse por aquí?, pensé al tiempo que un escalofrío recorrió mi piel cuando vi de reojo a cinco tipos sobre la banqueta. Algo en mi interior me reveló que esto no estaba nada bien y segundos más tarde comprobé que la famosa intuición femenina sí existe y lamenté haber hecho caso omiso a mi deseo de persuadir al conductor a que se pasara el alto.
Cuatro de los tipos rodearon el automóvil y el quinto se dirigió hacia el frente al tiempo que llevaba la mano derecha al interior de la camisa, a la altura del abdomen.
Mientras los inesperados acontecimientos se desarrollaban el despiadado semáforo continuaba en rojo y yo sabía perfectamente el clímax de la historia cuyo desenlace era incierto y en un instante de lucidez ordené:
-¡Pásate el alto!, ¡arranca!
Demasiado tarde, el miedo había paralizado al estupidizado conductor y el tipo de la mano en la camisa estaba parado frente al coche extendiéndoles una pistola.
-¡Te digo que te arranques! ¡Llévatelo! ¿Qué demonios esperas? ¡Muévete!
¿What's going on? What the hell is going on? -preguntaban los sorprendidos gringos.
-It's an assault! -contestaste lo obvio para quien sobrevive en la Ciudad de México, pero inconcebible para el par de americanos provenientes de un tranquilo pueblo de los Estados Unidos donde los crímenes novedosos consisten en encontrar un par de veces al año cuerpos de mujeres descuartizadas por algún psicópata lunático.
-Move on! Move on! -gritaron al unísono al estático chofer.
Y mientras esto sucedía trataba de poner en orden mis ideas... ¿qué se hace en estos casos? ¿dónde está la policía? ¿qué sigue? No hay un manual sobre comportamiento durante un asalto, pensaba confundida (tal vez ahora sí los hay, no cuando escribí estas líneas hace algunos años).
Los ratas que rodeaban el auto golpeaban los vidrios protegidos con película "anti-asalto" sin lograr estrellarlos y al ver frustradas sus intenciones, el de la pistola se acercó a mi ventanilla y vi en cámara lenta sus manos sosteniendo el arma hasta llevarla a la altura de mi rostro.
En ese momento giré instrucciones a mis acompañantes gringos y al idiota del volante.
-We will open up the windows and give away all we have! Give them everything you can, this is the only way we can probably save our lives!
Acto seguido todos bajaron las ventanillas y los cuatro asaltantes ubicados cada uno con su respectiva víctima hicieron lo suyo.
-A ver, gringo culero! -ladraba uno de los rateros mientras forcejeaba con el que estaba sentado del lado izquierdo.
-¡Ahora sí se los va a llevar la chingada! -insultaba el fulano que jalaba la cadenita con un crucifijo que portaba el impávido conductor.
Yo no esperé ni in segundo, al abrir la ventanilla y encontrarme con mi ratero asignado, de ojos dilatados y perdidos en el espacio, le aventé cuanto traía. Le boté la bolsa con cincuenta pesos y tarjetas de crédito, dos pulseras, los aretes y un anillo. El asaltante notábase complacido con tan cooperativa víctima y la verdad es que mi reacción se debía al puritito miedo de que el tipejo me lastimara.
Tan pronto este asaltante terminó su trabajo se dirigió a la parte trasera donde su compañero sostenía una lucha feroz con el gringo que se negaba a entregar el reloj. El mío, por cierto, continuaba instalado en mi muñeca y cuando lo vi me aterré más de lo que ya estaba. Había oído tantos consejos sobre darle todo a los asaltantes pues de lo contrario hasta la vida te podrían robar. Extendí mi relojito barato al delincuente que ya en ese momento me ignoraba pues era mucho más atractivo el rolex que el gringo se negaba a soltar.
-Not the watch, not the watch -imploraba el hombre.
-Deguach sí, deguach sí -espetaban los bilingües rateros.
El de la pistola se impacientó y disparó al suelo en señal de que la cosa iba en serio. Acto seguido cortó cartucho, colocó una vez más el arma a la altura de mi cabeza, pero esta vez sentí el frío del cañon en la sien, ya sin el cristal de por medio.
En ese momento los sucesos se desarrollaron en una cámara mucho más lenta. Descubrí que efectivamente la sangre se congela. Que sea rápido y sin dolor supliqué en mi interior, pues el dolor, por mínimo que sea es mi punto débil.
Y en tales circunstancias me encontraba cuando el americano vislumbró el posible fin del episodio pues el arma acariciaba mi cabello.
-Oh dear! -sollozó. Rápidamente se desprendió del atesorado rolex, regalo que le había dado la empresa por 25 años de trabajo.
El quinteto de ladrones huyó con lo ganado con el sudor del cemento inhalado. Los coches que acompañaban en el alto a las víctimas al inicio del asalto habían desaparecido, los únicos testigos en pleno Eje 3 a las 6 de la tarde eran un Jetta blanco con el techo abollado y cuatro infelices, tres de ellos rasguñados y golpeados por no haber cooperado de buena gana, pero al fin del día extremadamente felices y agradecidos porque se les había concedido el derecho de vivir.
Me asomé por la ventanilla y vi sobre el pavimento una de mis pulseras desdeñada por los cerdos.
-Espera -dije al estupefacto conductor.
Abrí la puerta del auto, recogí mi pulsera, vi a mis compañeros de reparto de esta película de horror y el llanto contenido finalmente encontró su cauce.
-Ahora sí, vámonos -expresasé con voz entrecortada.
-Mother fuckers! -exclamó uno de los gringochos, el cual, por cierto, solicitó al corporativo que nunca más por el amor de Dios lo enviaran a capacitar al personal de la subisidiaria ubicada en la Ciudad de México.
"Cuando creía que los asaltos, así como el SIDA o cualquier otra enfermedad terminal eran algo que ocurría sólo a los demás, me pasó a mí, en el día menos pensado. En la mañana de ese día había presumido a mis colegas que jamás había sido víctima de la violencia imperante en la Ciudad de México. Sin querer, porque conscientemente nunca hubiera pasado por ahí, con todas las noticias escuchadas en la tele y radio, el coche en el que iba estaba circulando por el Eje 3 Sur a la altura de la Colonia de los Doctores.
-¿Dónde crees que estamos?- preguntó con una sonrisa inexplicable el conductor del Jetta blanco junto al cual iba sentada. Los gringos que iban en el asiento trasero no entendieron la pregunta, claro está.
Y en ese momento leí el letrero de la calle perpendicular al eje vial: Dr. Barragán. ¿Cómo se le ocurrió a este idiota meterse por aquí?, pensé al tiempo que un escalofrío recorrió mi piel cuando vi de reojo a cinco tipos sobre la banqueta. Algo en mi interior me reveló que esto no estaba nada bien y segundos más tarde comprobé que la famosa intuición femenina sí existe y lamenté haber hecho caso omiso a mi deseo de persuadir al conductor a que se pasara el alto.
Cuatro de los tipos rodearon el automóvil y el quinto se dirigió hacia el frente al tiempo que llevaba la mano derecha al interior de la camisa, a la altura del abdomen.
Mientras los inesperados acontecimientos se desarrollaban el despiadado semáforo continuaba en rojo y yo sabía perfectamente el clímax de la historia cuyo desenlace era incierto y en un instante de lucidez ordené:
-¡Pásate el alto!, ¡arranca!
Demasiado tarde, el miedo había paralizado al estupidizado conductor y el tipo de la mano en la camisa estaba parado frente al coche extendiéndoles una pistola.
-¡Te digo que te arranques! ¡Llévatelo! ¿Qué demonios esperas? ¡Muévete!
¿What's going on? What the hell is going on? -preguntaban los sorprendidos gringos.
-It's an assault! -contestaste lo obvio para quien sobrevive en la Ciudad de México, pero inconcebible para el par de americanos provenientes de un tranquilo pueblo de los Estados Unidos donde los crímenes novedosos consisten en encontrar un par de veces al año cuerpos de mujeres descuartizadas por algún psicópata lunático.
-Move on! Move on! -gritaron al unísono al estático chofer.
Y mientras esto sucedía trataba de poner en orden mis ideas... ¿qué se hace en estos casos? ¿dónde está la policía? ¿qué sigue? No hay un manual sobre comportamiento durante un asalto, pensaba confundida (tal vez ahora sí los hay, no cuando escribí estas líneas hace algunos años).
Los ratas que rodeaban el auto golpeaban los vidrios protegidos con película "anti-asalto" sin lograr estrellarlos y al ver frustradas sus intenciones, el de la pistola se acercó a mi ventanilla y vi en cámara lenta sus manos sosteniendo el arma hasta llevarla a la altura de mi rostro.
En ese momento giré instrucciones a mis acompañantes gringos y al idiota del volante.
-We will open up the windows and give away all we have! Give them everything you can, this is the only way we can probably save our lives!
Acto seguido todos bajaron las ventanillas y los cuatro asaltantes ubicados cada uno con su respectiva víctima hicieron lo suyo.
-A ver, gringo culero! -ladraba uno de los rateros mientras forcejeaba con el que estaba sentado del lado izquierdo.
-¡Ahora sí se los va a llevar la chingada! -insultaba el fulano que jalaba la cadenita con un crucifijo que portaba el impávido conductor.
Yo no esperé ni in segundo, al abrir la ventanilla y encontrarme con mi ratero asignado, de ojos dilatados y perdidos en el espacio, le aventé cuanto traía. Le boté la bolsa con cincuenta pesos y tarjetas de crédito, dos pulseras, los aretes y un anillo. El asaltante notábase complacido con tan cooperativa víctima y la verdad es que mi reacción se debía al puritito miedo de que el tipejo me lastimara.
Tan pronto este asaltante terminó su trabajo se dirigió a la parte trasera donde su compañero sostenía una lucha feroz con el gringo que se negaba a entregar el reloj. El mío, por cierto, continuaba instalado en mi muñeca y cuando lo vi me aterré más de lo que ya estaba. Había oído tantos consejos sobre darle todo a los asaltantes pues de lo contrario hasta la vida te podrían robar. Extendí mi relojito barato al delincuente que ya en ese momento me ignoraba pues era mucho más atractivo el rolex que el gringo se negaba a soltar.
-Not the watch, not the watch -imploraba el hombre.
-Deguach sí, deguach sí -espetaban los bilingües rateros.
El de la pistola se impacientó y disparó al suelo en señal de que la cosa iba en serio. Acto seguido cortó cartucho, colocó una vez más el arma a la altura de mi cabeza, pero esta vez sentí el frío del cañon en la sien, ya sin el cristal de por medio.
En ese momento los sucesos se desarrollaron en una cámara mucho más lenta. Descubrí que efectivamente la sangre se congela. Que sea rápido y sin dolor supliqué en mi interior, pues el dolor, por mínimo que sea es mi punto débil.
Y en tales circunstancias me encontraba cuando el americano vislumbró el posible fin del episodio pues el arma acariciaba mi cabello.
-Oh dear! -sollozó. Rápidamente se desprendió del atesorado rolex, regalo que le había dado la empresa por 25 años de trabajo.
El quinteto de ladrones huyó con lo ganado con el sudor del cemento inhalado. Los coches que acompañaban en el alto a las víctimas al inicio del asalto habían desaparecido, los únicos testigos en pleno Eje 3 a las 6 de la tarde eran un Jetta blanco con el techo abollado y cuatro infelices, tres de ellos rasguñados y golpeados por no haber cooperado de buena gana, pero al fin del día extremadamente felices y agradecidos porque se les había concedido el derecho de vivir.
Me asomé por la ventanilla y vi sobre el pavimento una de mis pulseras desdeñada por los cerdos.
-Espera -dije al estupefacto conductor.
Abrí la puerta del auto, recogí mi pulsera, vi a mis compañeros de reparto de esta película de horror y el llanto contenido finalmente encontró su cauce.
-Ahora sí, vámonos -expresasé con voz entrecortada.
-Mother fuckers! -exclamó uno de los gringochos, el cual, por cierto, solicitó al corporativo que nunca más por el amor de Dios lo enviaran a capacitar al personal de la subisidiaria ubicada en la Ciudad de México.
miércoles, 21 de octubre de 2009
El Estrés Nuestro de Cada Día
Necesito respirar profundo o voy a reventar. Y voy a reventar porque solita me exijo, hago, digo, voy y vengo desde que me levanto tempranito por la mañana hasta ya entrada la noche que por fin me voy a descansar. Y supongo que no soy la única y el que esté libre del estrés que tire la primera piedra. Es un ritmo vertiginoso en el que vivimos, al que ahora se suma la maravillosa tecnología de la computación y la telefonía celular. Recuerdo cuando no había celulares o si los había estaban restringidos a quienes los podían pagar (yo no era de éstos). Ibamos por la vida tan campantes y sin la imperiosa necesidad de recibir mensaje, email o notificación de una nueva entrada en facebook. Hoy día no me hallo sin mi celular, me acompaña noche y día, él se encarga de mandarme los mensajes de trabajo, los ociosos, los de los amigos, los de la persona amada, los de la familia, los de la muchacha que me pregunta cómo quiero que prepare el pollo. En la oficina tengo mi computadora con mil programas abiertos y me llegan mensajes por todos lados, desde las ochenta mil cuentas de correo electrónico que tengo, desde el facebook que es cosa del mismísimo demonio y desde mi celular, que desde luego nunca deja de sonar. El teléfono de la oficina lo uso cada día menos. Es ya casi un adorno más de mi escritorio de trabajo. Es información excesiva la que recibimos, siento que mi cabeza va a estallar y más me vale que no porque dentro de 4 minutos entro a la clase de Técnica de la Entrevista... una actividad más para cerrar este día con broche de estrés.
martes, 20 de octubre de 2009
La Mujer Feliz
Esta mañana cuando venía manejando hacia la oficina me rebasó un coche cuyo color y marca no recuerdo pero lo que sí se grabó en mi memoria fue la expresión facial de la mujer que lo conducía. Tal vez era su cumpleaños, o quizás su aniversario, no lo sé, estoy especulando. Lo cierto es que alguien que se nota que la quiere había tapizado su auto con post-its multicolores y en cada uno le había escrito palabras que a ella la colmaron de alegría. Conduje hasta mi trabajo pensando lo importante y necesario que es tener a alguien que te quiera en esta vida.
lunes, 19 de octubre de 2009
Se abrió la Caja de Pandora
Este año mi salud ha sido precaria. Primero fue la ya chole cirugía, a la cual me sometí porque era necesario y porque los síntomas que me provocaba lo que me tenían que extirpar eran algo dolorosos. Hace un par de semanas empecé con lo de mis achaques en las muelas, cuyo dolor era un poco más intenso que lo que me provocaba lo que me quitaron en la operación. Ahora les cuento que cuando pensaba ilusamente que había experimentado dolores de verdad, me ha surgido uno nuevo. A raíz de los analgésicos y la bola de pastillas que tuve que tomar para paliar los dolores de las muelas, mi esófago quedó destrozado y digo destrozado porque cada vez que paso alimento desde hace cinco días siento como si me rasparan con un cuchillo carnicero. Lo único que pasa sin dolor es agua simple, mis infusiones aromáticas y la gelatina. Parece ser que cuando me operaron abrieron la Caja de Pandora. Creo que me tengo que ir a hacer una limpia o a vaciar mis emociones al diván de algún psicoanalista pues en una de esas estoy somatizando asuntos no resueltos como diría el buen Freud.
viernes, 16 de octubre de 2009
La Tetera Chifladora
Ayer no escribí nada en mi diarioblogdiván porque confieso que me fui a realizar actividades frívolas y de lo más mundanas. Después del triste episodio de mi dentadura achacosa consideré apropiado y bien merecido darme un premio por haber aguantado tan machamente mi dolor. Y pues me fui a arreglar mis uñas -actividad en la que me tardé cerca de dos horas- y luego a comprar esos productos que venden en "La Tienda del Cuerpo" (The Body Shop), los cuales tienen un aroma y textura deliciosos. Por último, y ya casi a la hora de cerrar, fui al Palacio de Hierro, en búsqueda de una tetera chifladora porque tenía antojo de una muy chida debido a que últimamente me ha dado por prepararme mis infusiones aromáticas. ¿Será por la bola? ¿O porque está de moda tomar té? ¿O debido a la influencia de los papás de Marco que vivieron algún tiempo en Gran Bretaña? Desconozco la respuesta correcta, el caso es que encontré una blanca, de acabado porcelanizado, pesadita, con agarradera que no se calienta, divis, divis. Llegué muy contenta a la casa con mi perfecto manicure, mis ungüentos de la tienda corporal y mi super tetera. Marco y Kana se miraron con cara de "¡Otra vez es ella!". Creo que les dio gusto mi retorno. En el momento en que escribo esto es viernes a las 3.40 pm y le pido al reloj que sí marque las horas porque voy a enloquecer. El día está precioso y soleado, me urge salir a disfrutarlo.
miércoles, 14 de octubre de 2009
Las Ojerotas de Drácula
Me han regresado al cuerpo el oído, ojo, paladar y sien del lado derecho de mi pobre cabeza que sufrió tanto durante los últimos ocho días. Ya se fue el dolor y ni le dije adiós, no se lo merecía. Es una alegría tan inconmensurable la que siento desde el momento en que el doctor hizo la curación y como por arte de magia se largó por fin el perro infernal que me había estaba atacando. Anoche le comentaba a Marco, entre el dolor, mi ironía y negro sentido del humor, que seguramente lo que me estaba ocurriendo era cosa del demonio. Ahora ese episodio del libro de mi vida ya es historia y me puedo reír como doña Borola Tacuche de Burrón, juar, juar, juar, cuando recuerdo que llegué a pensar que eso que tenía era cosa del mismísimo maligno. Mi "Yo" está de regreso, otra vez me estoy riendo de las cosas que me pasan por la mente (cosas que me pasan por la cabeza gracias a mi "Ello"), tanto en las buenas como en las malas. Al "Super Yo" mejor ni le hago caso. Buenas noches, espero duerman rico... yo dormiré como si estuviera echada en mi hamaca acapulqueña. Llevo varias noches sin dormir, creo que hace rato espanté al doctor con mis ojerotas de drácula, mi personaje de terror favorito.
martes, 13 de octubre de 2009
Muy Macha lo Aguanté
Hoy es martes 13, pero como yo no soy supersticiosa, es sólo un día más. Un día más y no tan rutinario como ahora comprendo me gustaría tanto que fuera. Una vez más regreso al tema del dolor. Ayer me practicaron la endodoncia en la muela achacosa, la cual tenía un cálculo presionando uno de los nervios, una cosa diminuta provocando un dolor inconmensurable. Yo que creí que de dolores ya me las sabía todas, ayer supe que cada nuevo dolor es diferente y mucho más intenso que el anterior. Las lágrimas me rodaron por las sienes mientras me practicaban la endodoncia, lágrimas producto del dolor que sentía pero también derramadas por lo emocional del asunto. Ya llevaba varios días con dolor y bien macha lo aguanté. Hoy sigo con dolor, faltó un nervio por matar, el muy maldito se escondió y será hasta el jueves en la tarde que volveré a la tortura. Y yo que pensaba que ya conocía muchas de las formas del dolor. Qué ilusa fui.
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