Conseguir un taxi el 25 de Diciembre a las dos de la madrugada en Hamburgo es una pesadilla, no de la calle del infierno, sino del mismísimo polo norte.
Imagínate salir del lugar calientito, tras haber cenado los manjares turcos, la deliciosa pasta, el rico salmón y el fondue de queso del asco, al maldito frío del demonio.
Además tienes sueño y hay que caminar tres cuadras laaaaaarrrrggggaaassss sobre la nieve y el viento en tu cara.
Llegas a la avenida principal y pasa uno y otro taxi... todos van ocupados.
Ya has llamado a todos los sitios de taxis disponibles en la ciudad y en cada uno te ha contestado la grabadora: "Oooppppssss, esto se está llevando más tiempo del usual, vuelva a marcar más tarde" (en tono alemán, claro está).
Figúrate que cada minuto transcurrido se te van congelando los deditos de los pies, con todo y botas para tal clima.
Ya te imaginarás mi alegría cuando al fin pasó un taxi libre y lo tomamos hacia la calientita casa de Dorothea, mujer que no cocina nada y le gusta esnorquelear.
viernes, 21 de enero de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
Por Pipirisnais
Entraron a una "boulangerie" y se equiparon con dos quiche lorraine, una rebanada de mil hojas y una exquisita tarta de albaricoque.
¡Ah!, qué a gusto iban ellos escuchando musiquita clásica y degustando su comida en tan bonito auto.
La vida es bella, expresaron en voz alta al unísono.
Y así de contentos iban por las calles de París rumbo al aeropuerto Charles de Gaulle para recoger a dos personas especiales.
Se dejaban guiar por el GPS, el cual en un momento indicó desviarse por la lateral para evitar el congestionamiento vial de la autopista.
Estaban en Saint Denis, cerca del estadio de futbol tan mencionado durante el mundial del 98.
De pronto, el tan moderno automóvil se alocó, anunció en un rojo intenso sobre el tablero la avería de una llanta.
Un hombre barbado que cruzaba la calle, sin siquiera haber mirado bien el automóvil, extendió su mano en señal de hay un problema con su auto.
La pareja del auto, con el ansia trepada hasta la garganta, consideró continuar, chance y la llanta rodaba hasta el aeropuerto. No fue el caso.
Se vieron en la necesidad de detenerse en cuanto encontraron un espacio.
Valentina & Baby Face se dispusieron a cambiar el neumático y ¡oh sorpresa!, el moderno auto no traía uno de refacción.
De pronto, un hombre de baja estatura, rollizo y ataviado con chaleco amarillo fosforescente, como los que usan los obreros que trabajan en la vía pública, les indica es imposible estacionarse en ese sitio.
Le explican lo de la llanta ponchada y lo de la no refacción para cambiarla.
El sujeto, todo amable y gentil, ofrece su ayuda. Revisa el auto completo, la cajuela y los interiores. Efectivamente no hay llanta, pero él tiene un remedio de emergencia en su coche. Irá por él y enseguida regresa.
Valentina se siente aliviada, el cielo ha enviado un ángel en su ayuda. Ajá.
El individuo del chaleco fosforilo habla con otros dos en la acera de enfrente y regresa con un spray de espuma para que la llanta ruede 40 km.
El hombrecillo indica a Baby Face cómo aplicar el spray y a la Valentina la abruma con su verborrea compuesta de palabrerío en francés, mal inglés y quién sabe qué dialecto.
El tipo solicita un pañuelo desechable, ella lo extrae de su preciosa bolsa y se lo entrega.
Acto seguido, el fulano dice a la Valentina: "Madame, fíjese bien para detectar el lugar exacto del desperfecto de la llanta" y continúa con su choro mareador.
La intuición de Valentina la alerta. Algo no está bien. Percibe movimientos de personas del otro lado del automóvil. Quiere asomarse para ver, le preocupa su preciosa bolsa ubicada sobre el freno de mano. Está consciente de las cuatro puertas abiertas.
El fulano no se lo permite, la sigue aturdiendo con palabras, gestos y manos que mueve sin sentido al hablar.
Le comunica irá por un mapa para indicarles el sitio más cercano para reparar el neumático. Se va en friega.
Valentina & Baby Face se miran a los ojos.
Ambos están acongojados. Ya se ha hecho tarde y las personas a las cuales iban a recoger al aeropuerto deben estar preocupadas o desesperadas.
Suben al auto para esperar al gentil hombre.
La preciosa bolsa ha desaparecido.
En ella se encontraba el dinero en efectivo, todas las tarjetas de crédito, pasaportes, licencias, visas de entrada a Estados Unidos, algunas cosillas de valor monetario y sentimental, gafas de sol, una cámara digital, objetos personales no pertenecientes a ese ratero de mierda.
Esta fue la crónica de los hechos, ahora va cómo me siento al respecto:
El tan escuchado y consabido... "No les pasó nada" no me tranquiliza ni me consuela.
¿Por qué tenemos que conformarnos con no haber sido lastimados?
¿Por qué estos individuos toman lo ajeno?
¿Porque carecen de un trabajo bien remunerado? ¿Porque tienen una familia a la cual alimentar y mantener? ¿Por la desigualdad socioeconómica? ¿Porque no quieren trabajar? ¿Porque no tienen acceso a más oportunidades? ¿Porque la vida los ha tratado injustamente?
¿Estas hipótesis justifican sus acciones delictivas?
En fin, son cosas materiales, pero odio que me quiten mis cosas, nadie me regala lo que tengo. Lo trabajo.
Encontré un París pletórico de vagabundos, algunos tirados y borrachos en las banquetas de las avenidas principales; vi a las gitanas raterillas cuyo modus operandi es mostrar unas hojas que tapan la vista de la víctima mientras sus chiquillos "corren y juegan", pero en realidad están robándote hasta la risa.
En el Consulado de México en París nos dijeron que frecuentemente llegan Mexicanos asaltados.
Nos explicaron que la delincuencia organizada ya es lugar común en ciudades como Barcelona, Londres y París... en las carreteras alemanas también atracan...
Cabe hacer un paréntesis: el trato y rapidez del trámite en el Consulado de México fue magnífico. Y emocionante fue llegar a la calle donde está ubicado y ver nuestra bandera ondeando en la entrada. Fue como estar en casa.
Me parece que la desigualdad económica está pegando en todas partes.
No fue robo con violencia, pero el mero hecho que te roben ya es violencia.
Bueno, para quitar el mal sabor de boca, he aquí algunas imágenes para alegrar la vista...
![]() |
| Boulangerie o Panadería... parisino típico con su mini can |
| Quiche Lorraine, es como un pay de queso, huevo, jamón y tocino... delicioso |
| El mencionado auto rentado sin llanta de refacción... shit happens |
| Con todo y sus vagabundos, gitanillas y rateros, París siempre será París |
| Mil hojas, un clásico de la pastelería francesa |
| Tarta de albaricoque... esta palabra me causa hilaridad |
miércoles, 19 de enero de 2011
Una Cena Navideña Peculiar
Es 24 de Diciembre en Hamburgo, aún no hemos comprado los ingredientes para preparar la cena.
Tienditas, supermercados, changarros y demás cierran a mediodía algunos y otros a la una.
Dorothea toca a la puerta y nos despierta. Ya son las once de la mañana y si queremos llegar a casa de Claus con el postre y el pan que nos tocó llevar más nos vale apurarnos para ir al supermercado ubicado a tres cuadras de su casa.
El jet lag y el ansiolítico me tienen noqueada. Sin embargo, me levanto rápido, me pongo la ropa térmica del Tata, jeans, la blusa de la pijama, un suéter, los guantes para esquiar porque el frío está de los mil demonios, el abrigo, la bufanda y las botas para caminar sobre la nieve.
Salimos en frieguiza hacia la tienda.
Afortunadamente no la han cerrado aún. Compramos dos pasteles congelados y el pan para la cena navideña.
Por su parte, Claus y Mauri, deciden tomarse un cafecito antes de ir al supermercado. El tiempo vuela y ellos también, pues recuerdan que todo cierra a mediodía.
Llegan a un supermercado y casi casi les cierran la puerta en la cara. Cerrado. Punto. Nada de que porfis déjeme entrar rapidito a hacer mis compras, no sea malito.
Van a otra tienda y lo mismo: "Geschlossen" (en tono alemán, claro está).
Alguien les sugiere vayan a la tienda del Turco de la esquina, es posible esté abierta.
El Turco de la esquina les vende todo lo que queda disponible. Hace su agosto.
Fue una cena navideña divertida, comimos manjares turcos, una deliciosa pasta preparada por la Sra. Lupita, salmón al horno que había en el congelador y un fondue de queso que nos quedó del asco a Claus, Mauri y a mí, todo chicloso pues lo preparamos con queso turco.
En Hamburgo todo está cerrado en días festivos.
El día 25 de Diciembre nos despertamos con hambre y sin nada en el refri de Dorothea, mujer que no cocina nada.
Nos vestimos otra vez con nuestra ropa del Tata bajo todo lo demás y emprendimos el camino en metro hacia el centro con la esperanza de encontrar algún restaurante funcionando.
Afortunadamente estaba abierto el Alex. Abarrotado de personas hambrientas y sin víveres en casa.
Y éste no fue el único día que casi nos quedamos sin comer, pero eso te lo cuento otro día.
Tienditas, supermercados, changarros y demás cierran a mediodía algunos y otros a la una.
Dorothea toca a la puerta y nos despierta. Ya son las once de la mañana y si queremos llegar a casa de Claus con el postre y el pan que nos tocó llevar más nos vale apurarnos para ir al supermercado ubicado a tres cuadras de su casa.
El jet lag y el ansiolítico me tienen noqueada. Sin embargo, me levanto rápido, me pongo la ropa térmica del Tata, jeans, la blusa de la pijama, un suéter, los guantes para esquiar porque el frío está de los mil demonios, el abrigo, la bufanda y las botas para caminar sobre la nieve.
Salimos en frieguiza hacia la tienda.
Afortunadamente no la han cerrado aún. Compramos dos pasteles congelados y el pan para la cena navideña.
Por su parte, Claus y Mauri, deciden tomarse un cafecito antes de ir al supermercado. El tiempo vuela y ellos también, pues recuerdan que todo cierra a mediodía.
Llegan a un supermercado y casi casi les cierran la puerta en la cara. Cerrado. Punto. Nada de que porfis déjeme entrar rapidito a hacer mis compras, no sea malito.
Van a otra tienda y lo mismo: "Geschlossen" (en tono alemán, claro está).
Alguien les sugiere vayan a la tienda del Turco de la esquina, es posible esté abierta.
El Turco de la esquina les vende todo lo que queda disponible. Hace su agosto.
Fue una cena navideña divertida, comimos manjares turcos, una deliciosa pasta preparada por la Sra. Lupita, salmón al horno que había en el congelador y un fondue de queso que nos quedó del asco a Claus, Mauri y a mí, todo chicloso pues lo preparamos con queso turco.
En Hamburgo todo está cerrado en días festivos.
El día 25 de Diciembre nos despertamos con hambre y sin nada en el refri de Dorothea, mujer que no cocina nada.
Nos vestimos otra vez con nuestra ropa del Tata bajo todo lo demás y emprendimos el camino en metro hacia el centro con la esperanza de encontrar algún restaurante funcionando.
Afortunadamente estaba abierto el Alex. Abarrotado de personas hambrientas y sin víveres en casa.
Y éste no fue el único día que casi nos quedamos sin comer, pero eso te lo cuento otro día.
domingo, 16 de enero de 2011
Como Las Melancólicas De Los 50's
Mi querido lector o lectora, te eché de menos y también extrañé mucho escribir mis diatribas en mi diván de terciopelo azul.
Anduve un tiempo de viaje, como aquellas mujeres de los años 50´s que empacaban sus tiliches y se iban durante largo tiempo para curar la melancolía.
Visité lugares de aromas diversos, climas extraños para mí, paisajes desconocidos algunos, otros parecidos a lo cotidiano.
Vi y conocí personas de todos los tipos, colores, estaturas y complexiones.
Gente de pensamientos, ideologías, usos y costumbres propios y extraños.
Mis ojos contemplaron, soñaron, añoraron, valoraron, imaginaron, se maravillaron y también lloraron, de alegría, emoción... e impotencia en uno de tantos de esos días.
Degusté todo tipo de manjares, dulces, panes, pastelillos, chocolates y viandas mas no los vinos y licores por prescripción médica.
Sentí mi caminar sobre la nieve, hojas esparcidas, lluvia, lodo y calles adoquinadas.
Experimenté emociones indecibles al escuchar en vivo la novena sinfonía de Beethoven, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Hamburgo. Esa noche del 1 de Enero de 2011 mis ojos lloraron de emoción.
Conocí mujeres admirables... ellas luchan solas en la vida.
Fui testigo de los dilemas socioeconómicos que han arribado, se han intensificado, prevalecen y difícilmente serán controlados en países del Grupo de los Ocho, el cual reúne a las potencias industrializadas más importantes del planeta.
Vengo cargada de innumerables anécdotas, historias, aventuras y desventuras que te iré contando poco a poco.
Mientras tanto, te mando un abrazo desde la Ciudad más grande del mundo, ahora convencida es mi Ciudad favorita, la Ciudad de México.
Espero que 2011 nos trate bien.
Anduve un tiempo de viaje, como aquellas mujeres de los años 50´s que empacaban sus tiliches y se iban durante largo tiempo para curar la melancolía.
Visité lugares de aromas diversos, climas extraños para mí, paisajes desconocidos algunos, otros parecidos a lo cotidiano.
Vi y conocí personas de todos los tipos, colores, estaturas y complexiones.
Gente de pensamientos, ideologías, usos y costumbres propios y extraños.
Mis ojos contemplaron, soñaron, añoraron, valoraron, imaginaron, se maravillaron y también lloraron, de alegría, emoción... e impotencia en uno de tantos de esos días.
Degusté todo tipo de manjares, dulces, panes, pastelillos, chocolates y viandas mas no los vinos y licores por prescripción médica.
Sentí mi caminar sobre la nieve, hojas esparcidas, lluvia, lodo y calles adoquinadas.
Experimenté emociones indecibles al escuchar en vivo la novena sinfonía de Beethoven, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Hamburgo. Esa noche del 1 de Enero de 2011 mis ojos lloraron de emoción.
Conocí mujeres admirables... ellas luchan solas en la vida.
Fui testigo de los dilemas socioeconómicos que han arribado, se han intensificado, prevalecen y difícilmente serán controlados en países del Grupo de los Ocho, el cual reúne a las potencias industrializadas más importantes del planeta.
Vengo cargada de innumerables anécdotas, historias, aventuras y desventuras que te iré contando poco a poco.
Mientras tanto, te mando un abrazo desde la Ciudad más grande del mundo, ahora convencida es mi Ciudad favorita, la Ciudad de México.
Espero que 2011 nos trate bien.
| Hamburgo desde mi ventana |
| Caminando por Hamburgo |
| Un copo de nieve sobre mi nariz |
| La Kana sobre la nieve... |
| El Castillo de Edimburgo |
| La Casa de Dunbar, ya te contaré esta historia |
viernes, 31 de diciembre de 2010
Comer, Caminar, Comprar
Camino por callejones empedrados, resbaladizos por la nieve descongelándose; paso frente a las plazas públicas, lugar de ejecuciones, espectáculo del pueblo o punto de reunión para escuchar las novedades del reino.
Respiro el ambiente medieval, lo veo en los muros recubiertos por el moho.
Trato de imaginar cómo era la Royal Mile en los tiempos de María Estuardo, reina altiva y elegante, la gente del pueblo sobreviviendo, igual que ahora.
Supongo que las calles no eran tan limpias, sólo se escuchaba "agua va".
Es invierno, ha nevado y la bruma favorece un ambiente más dramático.
Paseo por las callejuelas del castillo de Edimburgo. Emblemas de guerra y símbolos masónicos decoran el lugar.
Decido sentarme en la banca bajo el árbol sin follaje.
Miro a la gente. Turistas de todas las nacionalidades. Flashes por doquier. Hasta me siento artista.
El museo sobre las guerras no llama mi atención. Pierdo a mi gente, se han quedado mirando espadas e insignias de generales victoriosos.
Me encuentro sola.
Decido recorrer el castillo a mi manera.
Miraré solamente lo que llame mi atención. Entro a ver un espectáculo en el cual demuestran cómo ataviaban a la reina.
Capas y más capas de telas con las joyas reales como detalle final del atuendo. Era menester tener doncellas para abotonar tanto roperío.
Se me antoja tomar algo calientito, hace mucho frío para una acapulqueña no acostumbrada al clima escocés.
Entro a una cafetería ubicada en lo alto del castillo. No domino el reino, pero sí la vista. Degusto un delicioso pastel relleno de crema pastelera con sabor a limón y me empino un chocolate con crema batida.
Admiro el paisaje, pienso, imagino, divago, como siempre.
Mi gente no aparece.
Hoy es día de rebajas en las tiendas... 50% menos... mmm... suena atractivo... bastante tentador... no lo pienso más...
Me voy corriendo hacia la Avenida Princess a comprar algunas cositas lindas.
Respiro el ambiente medieval, lo veo en los muros recubiertos por el moho.
Trato de imaginar cómo era la Royal Mile en los tiempos de María Estuardo, reina altiva y elegante, la gente del pueblo sobreviviendo, igual que ahora.
Supongo que las calles no eran tan limpias, sólo se escuchaba "agua va".
Es invierno, ha nevado y la bruma favorece un ambiente más dramático.
Paseo por las callejuelas del castillo de Edimburgo. Emblemas de guerra y símbolos masónicos decoran el lugar.
Decido sentarme en la banca bajo el árbol sin follaje.
Miro a la gente. Turistas de todas las nacionalidades. Flashes por doquier. Hasta me siento artista.
El museo sobre las guerras no llama mi atención. Pierdo a mi gente, se han quedado mirando espadas e insignias de generales victoriosos.
Me encuentro sola.
Decido recorrer el castillo a mi manera.
Miraré solamente lo que llame mi atención. Entro a ver un espectáculo en el cual demuestran cómo ataviaban a la reina.
Capas y más capas de telas con las joyas reales como detalle final del atuendo. Era menester tener doncellas para abotonar tanto roperío.
Se me antoja tomar algo calientito, hace mucho frío para una acapulqueña no acostumbrada al clima escocés.
Entro a una cafetería ubicada en lo alto del castillo. No domino el reino, pero sí la vista. Degusto un delicioso pastel relleno de crema pastelera con sabor a limón y me empino un chocolate con crema batida.
Admiro el paisaje, pienso, imagino, divago, como siempre.
Mi gente no aparece.
Hoy es día de rebajas en las tiendas... 50% menos... mmm... suena atractivo... bastante tentador... no lo pienso más...
Me voy corriendo hacia la Avenida Princess a comprar algunas cositas lindas.
Una de las plazas de ejecuciones y/o anuncios
La Valentina en tierras de highlander, lejos de Acapulquito
Bye glamour, hace mucho frío
Esta bufanda parece sarape de Saltillo, pero es una bufanda que compré en la tienda River Side, je je
viernes, 17 de diciembre de 2010
Namasté
No sé cuál será tu percepción, pero la mía es que este año pasó demasiado rápido.
A medida que pasan los años se me escurren como agua entre las manos.
Me resisto al tiempo, mucho más combativa que los baby boomers.
Cuando me llaman "señora" mi diálogo interior manifiesta: "me ven como señora joven". Bueno, eso es lo que desea mi vanidoso Yo y el Ello también, dicho sea de paso.
Lo cierto es que los segundos, minutos, horas, días, meses y años los percibo ahora a más velocidad que cuando era niña, adolescente o adulta joven.
Lennon dijo alguna vez que la vida empieza a los 40 y tenía razón, pero le faltó acotar algo.
Comienzan también los achaques propios de la edad. Y algunos aparecen antes, sobre todo si tenemos el infortunio de ser sometidos a cirugías que adelantan etapas de un día para otro.
De chingadazo.
Me parece que es durante este último lustro de mi vida que he madurado y tenido experiencias para repasar y repensar cómo quiero ser en las etapas por venir.
Reconozco que me da miedo.
Detesto, odio, aborrezco la idea de envejecer.
Sin embargo, la menos frescura en mi rostro ha traído experiencia y conocimiento, algo difícil de comprar con una mastercard.
Este año ha sido para mí de enseñanza y aprendizaje.
Doloroso, sí, mucho. Torrente de lágrimas y desesperación, pero aportó un poquito más de sabiduría al disco duro de mi memoria y mucha más al corazón. Repito, esto no lo compras con una mastercard.
Espero que tu año haya sido valioso y que en 2011 goces de salud, amor, paz y serenidad.
Namasté, querido lector o lectora de éste, mi diván de terciopelo azul.
Namasté: “Yo honro el lugar dentro de ti donde el Universo entero reside. Yo honro el lugar dentro de ti de amor y luz, de verdad, y paz. Yo honro el lugar dentro de ti donde cuando tú estás en ese punto tuyo, y yo estoy en ese punto mío, somos sólo Uno”.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Un Motivo Más Para Detestar Los Lunes
Imagino hace tres días a Héctor despertando con esa ansiedad que se siente los lunes.
Imagino no pensó mucho qué ponerse, como sí hacemos las mujeres. Tal vez tomó un café y algún panecillo mientras caminó con prisa hacia su automóvil, con la urgencia de llegar temprano a la empresa, como siempre.
Imagino que el tráfico lo agobió, tal como nos sucede a la mayoría de los habitantes de ésta, la Ciudad más grande del mundo.
Imagino que iba pensando en los proyectos pendientes, en los asuntos por delegar, en los ya delegados, en la agenda laboral del día.
Un hombre de 49 años de edad, solamente cuatro años más que yo.
Un hombre culto, inteligente, honrado y bondadoso.
Responsable, entregado a su trabajo.
Imagino que esa mañana él no imaginó que ése día sería el último de su vida.
A la hora del almuerzo fue visitado por la muerte. Esta, sin previo aviso, sin pedir permiso, le infligió un infarto fulminante.
Hace algunos meses yo recibí un aviso y pretendo hacerle mucho caso.
Mi más sentido pésame para ti, mi querida amiga Ale, ya no estés triste, como tú dices, Héctor siempre estaba adelantado a todos y a todo, en el conocimiento, en la sabiduría...
...hoy se nos ha adelantado una vez más...
Descansa en paz, querido Héctor.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Tras Treinta Años Sólo Me Queda Imaginar
Trato de imaginar cuántos regalos más nos hubiera dado este hombre a través de su creación artística si ese hombrecillo, cuyo nombre ni vale la pena mencionar, hubiera fallado el blanco.
Eso fue hace ya 30 años, escuché la noticia en la tele.
Ay, John, han pasado tantos hechos lamentables en estas tres décadas de tu ausencia... me imagino no te habría gustado verlos.
Ay, John, han sucedido acontecimientos maravillosos en estos treinta años... me imagino te habría encantado ser testigo de ellos.
Parece ser que muy pronto se cumplirá mi sueño de caminar por esas calles de Liverpool en las que tú anduviste...
Un saludo para ti, mi Beatle no favorito, pero sí el más talentoso...
Eso fue hace ya 30 años, escuché la noticia en la tele.
Ay, John, han pasado tantos hechos lamentables en estas tres décadas de tu ausencia... me imagino no te habría gustado verlos.
Ay, John, han sucedido acontecimientos maravillosos en estos treinta años... me imagino te habría encantado ser testigo de ellos.
Parece ser que muy pronto se cumplirá mi sueño de caminar por esas calles de Liverpool en las que tú anduviste...
Un saludo para ti, mi Beatle no favorito, pero sí el más talentoso...
En sus años mozos (esa frase me choca : )
Demostrando lo que sabía hacer bien
No me extraña nada esta actitud de él
El Teddy Boy con un Teddy Bear
Tenía su lado tierno
No me queda más que imaginar
viernes, 3 de diciembre de 2010
Cómo Veo A Través De La Niña De Mis Ojos
La niñita de los cabellos castaños, largos y lacios caminaba de la parada del autobús escolar hasta su casa por una vereda sombreada por los árboles. A mitad del camino se detenía para observar durante un largo rato a los ponies pastando enmedio de un paisaje verde intenso.
La niñita de las piernas como un par de popotitos, así le decía su mamá, iba a una escuela primaria pública que se parecía a cualquier colegio privado de la Ciudad de México. Le gustaba su salón de clases, con mesitas y sillitas adecuados para infantes; con paredes tapizadas de cartulinas con recortes de revistas de acuerdo al tema o color asignado por la miss; decorado con una gran pecera repleta de pececillos de todos los colores; con estantes llenos de libros y materiales de trabajo, crayolas, cartulinas, hojas, plastilina, bloques de madera, glitter, pegamento, tijeras y demás.
La niñita de la piel más que aceitunada, bien morena, por los rayos del sol de la Florida, miraba a las dos hermanas mayores de su amiga Robin, adolescentes rubias, altas y delgadas, asoleándose en sus diminutos bikinis. Ella no tenía más de 9 años, pero tomaba su bolsa playera, sus lentes oscuros, toalla grandota y se iba a tender junto a las chicas del bikini diminuto, soñando con el día en que sería como ellas.
La niñita de los dientes blancos y parejos realmente no llegó a ser tan alta y esbelta como aquel par de gringuitas que tomaban el sol y platicaban de sus novios.
A la niñita de los ojos casi negros le gustaba mucho celebrar el día de su cumpleaños en su escuela, porque la costumbre era que la cumpleañera llevara cupcakes para compartir con sus amiguitos, y éstos le cantaran el japiberdeituyu con todo y gorritos, globos y cornetas.

La niñita se ha convertido ya en una mujer, pero le siguen fascinando los cupcakes, más que por el gusto o su sabor, por lo hermosos que resultan a la vista.
He aquí algunas imágenes de cupcakes vistosos y preciosos...
La niñita de las piernas como un par de popotitos, así le decía su mamá, iba a una escuela primaria pública que se parecía a cualquier colegio privado de la Ciudad de México. Le gustaba su salón de clases, con mesitas y sillitas adecuados para infantes; con paredes tapizadas de cartulinas con recortes de revistas de acuerdo al tema o color asignado por la miss; decorado con una gran pecera repleta de pececillos de todos los colores; con estantes llenos de libros y materiales de trabajo, crayolas, cartulinas, hojas, plastilina, bloques de madera, glitter, pegamento, tijeras y demás.
La niñita de la piel más que aceitunada, bien morena, por los rayos del sol de la Florida, miraba a las dos hermanas mayores de su amiga Robin, adolescentes rubias, altas y delgadas, asoleándose en sus diminutos bikinis. Ella no tenía más de 9 años, pero tomaba su bolsa playera, sus lentes oscuros, toalla grandota y se iba a tender junto a las chicas del bikini diminuto, soñando con el día en que sería como ellas.
La niñita de los dientes blancos y parejos realmente no llegó a ser tan alta y esbelta como aquel par de gringuitas que tomaban el sol y platicaban de sus novios.
A la niñita de los ojos casi negros le gustaba mucho celebrar el día de su cumpleaños en su escuela, porque la costumbre era que la cumpleañera llevara cupcakes para compartir con sus amiguitos, y éstos le cantaran el japiberdeituyu con todo y gorritos, globos y cornetas.

La niñita se ha convertido ya en una mujer, pero le siguen fascinando los cupcakes, más que por el gusto o su sabor, por lo hermosos que resultan a la vista.
He aquí algunas imágenes de cupcakes vistosos y preciosos...
El detalle de los pétalos me encanta
Son una obra de arte
Femeninos y preciosos
Los hay también para la tía Hello Kitty
Un trabajo artesanal, cómo comerlos, hay que ponerlos de adorno
Así me gustaría estar, en la frivolidad total, rodeada de pastelillos y cupcakes...
pero María Antonieta según Sofía Coppola será tema de otro blog
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Martha y Paul
Si me conoces bien, sabes cuánto me fascinan los canes, sobre todo los ovejeros, también llamados bobtail o sheepdogs.
Si me conoces bien, sabes cuánto me gustan los Beatles, su música y su historia.
Y pues resulta que uno de los Beatles tenía una perrita ovejera llamada Martha, supuestamente la musa inspiradora de la canción "Martha My Dear".
He aquí algunas imágenes de los Beatles con perros ovejeros...
Y el Beatle que tenía a la perra llamada Martha era Paul...
| Hasta la perrita posa seria como Paul y Ringo |
| Martha en la pradera |
| Los Beatles con Martha y supongo uno de sus cachorrillos |
| Buena foto y la perra es hermosa |
| Era tan feliz como yo con mi Kana Veloz |
| Martha en primer plano |
| Lo acompañaba a todas partes |
| Los dos bien abrigados |
| Con su novia Jane y con Martha |
Linda, Paul y su hijita con la perrita ovejera
Kana Veloz es parte de la alegría en nuestro hogar
Nuestra perrita ovejera, por supuesto que le compondríamos una canción titulada "Kana My Dear"
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



